Montreux, Suiza, 9 jul (PL) Con su voz rota y rasposa, la misma que ha seducido al mundo desde hace cinco décadas, el veterano cantautor estadounidense Bob Dylan hizo suyo el Festival de Jazz de Montreux, en un concierto íntimo, lleno de sonoridades.
A la cita llegó como parte de su gira Interminable, con la que recorrió varias plazas europeas y continuará mañana en Bilbao, para después pasar a Castellón y Girona, en España.
Según la crítica, en Montreux Dylan fue más pausado de lo habitual, pero logró la complicidad de un público que lo vitoreó una y otra vez en cada pieza.
Más de dos mil 500 personas lo acompañaron en la velada, en la que derrochó virtuosismo en temas clásicos de su repertorio como Simple twist of fate, Highway 61 revisited y Things have changed.
Además de cantar, desplegó toda su fuerza durante dos horas en el piano, la guitarra, y la armónica, uno de sus instrumentos preferidos, convertido en una de sus cartas de identidad al igual que su infaltable sombrero blanco.
Para el cierre reservó Like a Rolling Stone y All along the watchtower, dos de sus más populares canciones devenidas himnos, y una versión de Blowin' in the wind, con la que se despidió del escenario.
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