La Habana, (PL) La historia de los Juegos Olímpicos de la era moderna recoge en sus entrañas éxitos y hazañas inolvidables pero también engaños que quedarán en las páginas oscuras de su existencia.
A los XXIV Juegos estivales con sede en la capital surcoreana de Seúl, llegaron el canadiense Benjamín Sinclair Johnson "Ben" y el estadounidense Frederick Carlton Lewis "Carl" como las principales figuras a pelear por la condición del hombre más rápido del mundo.
Cuatro años antes en la ciudad estadounidense de Los Ángeles, el bólido local se impuso en el salto largo con (8,54 m), los 200 m (19.80 seg), el 4x100 m (37.83 seg) y los 100 metros, para igualar la hazaña de su compatriota Jesse Owens en Berlín-1936.
Ante las estrellas de Hollywood y sus admiradores, Lewis se coronó en la prueba reina del atletismo al pasar la meta con tiempo de 9.99 segundos, delante de su compatriota Sam Graddy y de Jonson, tercero.
La derrota entonces, despertó las ansias de victoria del joven velocista canadiense de 23 años.
Al final de la temporada Ben estableció nuevo primado para Canadá en los 100 metros con 10.12 segundos.
En la ciudad suiza de Zúrich, el 21 de agosto de 1985, Johnson consiguió vencer al denominado "Hijo del Viento" luego de siete derrotas consecutivas.
Fue el inicio de lo que pronto sería la consagración del muchacho nacido en Falmouth, Jamaica, el 30 de diciembre de 1961.
Semanas más tarde conquistó su primer gran éxito internacional al ganar la final de los cien lisos en la Copa del Mundo de Canberra-1985, con registro de 10 segundos, que le catapultó hasta el sexto lugar del ranking mundial histórico.
Le antecedían los estadounidenses Calvin Smith (9.93), Jim Hines (9.95), Malvin Lattany (9.96), Lewis (9.97) y el cubano Silvio Leonard (9.98).
Una temporada después quebró la cota universal en los 60 metros llanos con 6.50 segundos, venció a Lewis el 31 de mayo en San José, California, y se apoderó del trono en los Juegos de la Mancomunidad Británica en Edimburgo-1986.
Otro éxito sobre Lewis se produjo el 9 de julio del propio año en Moscú, donde cronometró 9.95 para quedar a dos segundos de la cota universal.
Un mes y cuatro días más tarde, el canadiense con crono de 10.03 batió a Lewis (10.25) nuevamente en Zúrich.
A inicios del año 1987, Ben rompió en dos oportunidades la supremacía mundial en los 60 metros, primero con 6.44 seg, y luego con 6.41.
El resultado dejó claro que la final de los 100 metros en la lid del orbe de Roma al aire libre iba a ser espectacular entre dos extraclases y así fue, Johnson se coronó como el más veloz de la historia con 9.87, delante de Lewis (9.93).
Al finalizar un orgulloso Ben Johnson declaró: "Debo confirmar a todo el mundo que soy el hombre más veloz de la tierra", en tanto Lewis, advirtió: "Hay medallistas de oro que utilizan drogas, esta carrera se mirará durante muchos años, para buscar más motivos".
Muchos detractores del astro estadounidense dijeron que el problema había existido durante muchos años en el deporte, pero que sólo cuando perdió hizo dichas declaraciones. Y le acusaron de egoísta y de falta de humildad.
La respuesta del canadiense no se hizo esperar y enfatizó que cuando Lewis lo ganó todo él jamás dijo una palabra en su contra.
Tras su victoria en Roma sus ganancias se multiplicaron, ganó el Trofeo Lou Marsh, el Premio Lionel Conacher, fue elegido Atleta del año por Associated Press e investido como Miembro de la Orden de Canadá.
Meses antes de cita olímpica de Seúl, uno y otro velocista consiguieron victorias. Johnson bajo techo, Lewis al aire libre, pero una lesión del canadiense lo llevó al quirófano.
Éste se repuso y el 17 de agosto de 1988 se volvieron a enfrentar en la ciudad suiza de Zúrich. Allí, venció Lewis con tiempo de 9.93 que le permitió decir: "El oro en los 100 metros de Seúl es mío, nunca volveré a perder contra Johnson".
Con esta rivalidad, que frisó más allá el plano deportivo, llegaron estos hombres a la final de los 100 metros lisos de la lid olímpica de la gran urbe surcoreana.
El 24 de septiembre de 1988, una semana justa después de la inauguración, Johnson ganó con récord mundial de 9,83 segundos, relegando a Lewis al segundo lugar con 9,92.
Bombos, platillos, miles de cintillos periodísticos mencionaron la victoria del hombre más rápido del mundo, sin embargo, los festejos duraron poco.
Con respecto al polémico desenlace, Lewis confesó en su libro autobiográfico "Carl Lewis en pista":
"Me resultó difícil concentrarme cuando vi a Johnson en la pista. Me di cuenta que sus ojos estaban muy amarillos. Síntoma característico del consumo de esteroides. Este cabrón lo ha vuelto a hacer, me dije a mí mismo"(...), recordando la final del mundial.
Y tuvo razón quien fue elegido el mejor deportista del siglo XX en el mundo, 72 horas después de la final, el presidente de la Comisión Medica del COI, el príncipe belga Alexandre de Merode, anunció en conferencia de prensa la descalificación de Johnson por dopaje.
De héroe idolatrado no solo por sus compatriotas, sino por millones de admiradores en todo el orbe, Johnson pasó a ser uno de los más grandes tramposos en la historia del deporte.
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