Hombres y mujeres trabajan a la par
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Prolocal sigue contribuyendo al engrandecimiento de las comunidades de Manabí a través de su desarrollo productivo
La cabuya no sólo sirve para
hacer sacas, también se puede utilizar como protección y nutriente de cultivos,
así como refuerzo de materiales para la construcción.
La cabuya es una fibra biodegradable que al descomponerse
se emplea como abono; además, no contamina el agua y permite hacer producción
limpia. Sus ventajas son tanto ambientales como de economía, facilidad y calidad.
De la planta de cabuya sólo se utiliza un 4% que es fibra; el otro 96% se
desecha porque se desconocen sus innumerables usos.
Desde siempre, la cabuya ha sido una aliada del hombre del campo en su trabajo diario, aunque
de manera insipiente, su explotación facilitaba la obtención de una fibra resistente
para la confección de sogas en la ganadería, para la carga y desde luego en la fabricación
de las sacas para el transporte de café, arroz y otros granos.
Gracias a su rápido crecimiento y
adaptabilidad a las condiciones del suelo
de la costa, alrededor de 60 familias que habitan en la comunidad de Río Bravo
de Jipijapa, decidieron emprender una actividad económica sustentable, basándose en la
obtención, procesamiento y comercialización de la fibra de la cabuya.
Encontrar en estado natural esta planta,
es muy común en toda esta zona y durante mucho tiempo, hombres y mujeres debieron
procesarla con métodos rudimentarios, prolongando en proceso y elevando los
costos, debido al tiempo de secado que toma la fibra.
Ahora se pueden apreciar grandes extensiones cultivadas con esta maravillosa
fibra, incluso el patio de las viviendas, tienen lugar para ella.
Partiendo de la necesidad de aprovechar este producto y facilitar un proceso
tecnificado, el proyecto PROLOCAL construyó en un terreno de la comunidad, un centro de almacenamiento,
producción y procesamiento a través de máquinas artesanales, con la implementación apropiada, las que son
manejadas por los mismos habitantes del lugar.
El monto de inversión llega a los
60 mil dólares. Como contraparte cada familia aportó en la construcción de este
centro con su mano de obra.
Aquí se confeccionan sacas, cuerdas y finos elaborados para la confección de
artesanías, las mismas que son entregadas a empresas dedicadas a esta
actividad.
A más de la elaboración de estos materiales, el proyecto fue diseñado para
obtener también elaborados como deliciosas conservas.
En la actualidad, estudiantes de la Universidad Politécnica
de Manabí, se encuentran realizando los estudios para procesar el aguardiente a
partir del tequila extraído de los pencos de la cabuya.
Según estudios realizados por la
AUPEC, que es un centro especializado en materiales compuestos fibroreforzados,
expertos colombianos han creado diferentes opciones para usar la cabuya, entre
éstas la sustitución de las cuerdas de plástico que sostienen las plantas de
plátano y otros cultivos, por cuerdas de
fique pues este producto se degrada, es más económico y no se pierde tiempo al
recogerlo.
La fibra, al ser biodegradable, se usa además como manto natural para proteger cultivos en
invernaderos y como agro textil para reducir los daños por erosión en
carreteras, vías, oleoductos y gasoductos.
También se pueden elaborar sacos reciclables de cabuya para empacar latas,
vidrios y plásticos, remplazando las bolsas de basura tradicionales.
Colombia produce cerca de treinta mil toneladas de cabuya al año, principalmente
en los departamentos de Cauca, Nariño, Santander y Antioquia.
En estos sitios los agricultores
y campesinos se han asociado en agremiaciones de cabuyeros.
Una experiencia que está siendo bien aprovechada, es sin duda la de estas
familias que ven en la fibra de la cabuya un lucrativo y sustentable negocio.