A continuación le presentamos la parte II de la Campaña de Esmeraldas, escrita por el General Eloy Alfaro Delgado.
Recibido este armamento, aunque muy deficiente, resolví avanzar. Durante mi permanencia en La Tola, el enemigo, superior en número y bien provisto de artillería, no intentó ningún movimiento agresivo y se limitó a bloquearnos y a hacer ostentación de sus fuerzas sin desamparar sus embarcaciones. Para facilitarles el ataque, dispuse dejarles libres todos los puntos por donde podían efectuar el desembarco; medida infructuosa, pues, llevó dicho, sólo se limitaron a hacer alarde de los elementos de que disponían. En La Tola se engrosaron algo nuestras filas, y puse especial atención en disciplinarlas lo mejor posible. ¡Ímproba labor es organizar voluntarios! Se formaron las columnas Esmeraldas, Seis de Abril, Libertadores y Constitución, que componían un total de 150 hombres, aproximadamente, al mando de los Comandantes Villacís, Ríos, Centeno y Mayor Marchán, respectivamente.
Dos días antes de salir de La Tola llegó a mis manos un Boletín que el enemigo había dejado en un caserío inmediato, en el cual, anunciaba oficialmente haber sido dispersadas las fuerzas revolucionarias del norte. Yo no le di entero crédito a esa noticia, pero en la duda no vacilé en tomar la ofensiva para cumplir con mi deber en lo que humanamente fuera posible.
Con las fuerzas mencionadas emprendí la marcha. Llegamos a Rioverde el 14 de Julio, en donde encontré varios tripulantes del vapor Esmeraldas con su Capitán, tomados prisioneros por nuestra avanzada. Una fuerte fiebre que nos atacó al señor Valverde y a mí nos hizo perder muchos días en Rioverde. Allí se nos presentaron también algunos voluntarios. El 23 se incorporó el señor Roberto Andrade que había salido de Imbabura con tal propósito; y en el acto como un homenaje tributado a sus heroicos méritos, le nombré Jefe de Estado Mayor con el grado de Comandante.