Fernanado Itúrburu
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Por: Fernando Iturburu
He terminado la lectura de "Confesiones de un sicario económico" de John Perkins. En él trata de su carrera como empleado de una multinacional llamada MAIN, encargada de promover préstamos a gobiernos pobres pero de millonarios recursos naturales, con el fin de endeudarlos de por vida, y de construirles mega obras. Ecuador aparece entre las víctimas (además de Panamá, Irán, Arabia Saudita, Indonesia). El trabajo de Perkins consistía en escribir informes favorables para convencer a dichos gobiernos de la bondad del proyecto y el préstamo. Parte de la trampa era que las compañías norteamericanas construyeran las obras. Es decir: negocio redondo: prestaban dinero, lo recuperaban como obras y, con intereses y cambios financieros, hacían la deuda imposible de pagar. Luego de varios años de dudas, él decidió abrirse y empezó a escribir su experiencia.
El libro es demoledor y espeluznante, pues se menciona que Roldós y Torrijos fueron asesinados por la CIA, y que él los conoció personalmente y llegó a admirarlos. Recuerdo dos anécdotas de esos años (fines de los 70s e inicios de los 80s): la circulación de un libro de denuncia de Philip Age, un ex-agente de la CIA que terminó viviendo en Cuba, en el cual detallaba nombres y pormenores de algunas operaciones secretas. Recuerdo que todo eso me sonaba a simple propaganda "comunista", los mismos temores que la gente manifiesta hoy, como si la Guerra Fría no hubiera pasado. Hace pocos años, sin embargo, Clinton dio el OK para que la CIA develara paulatinamente documentos (hoy de acceso al público), y una buena parte de ellos confirma lo que Age contaba. El otro suceso es que cuando murió Roldós (o lo mataron, según Perkins) la gente fue a su velorio por miles, pero NADA más se hizo al respecto. Vi hasta cómo muchos pobres guardaban un retrato de recuerdo y lo colgaban en las salas de sus humildes casas. Se montó todo un escenario para que se investigara "a fondo" el asunto, pero nunca se llegó a nada. Un par de informes -uno de Suiza, me parece- claramente concluía que en el avión había explotado una bomba antes de que cayera. Pero nadie dijo nada, nadie se alzó, no hubo rebeldía ni marchas de crespones negros ni alcaldes gritando ni abriéndose la camisa en media calle. No hubo tampoco nadie de "izquierda" que dijera nada, pues su indeptitud y dogmatismo eran/son más poderosos que el sentido común (esa misma "izquierda" hoy escribe para periódicos contra Correa a cambio de un puñado de dólares (¿o realmente les pagan mucho?), y desde allí defienden a capa y espada a sus amos. Me consta que Roldós era un líder de amplio apoyo popular. ¿Cómo lograron bajarle ese nivel de simpatía y borrar su legado? La memoria de un pueblo es corta y el poder del dinero casi ilimitado.
Luego vino el lamentable Oswaldo Hurtado y cambió lo que hizo Roldós: mandó al traste su Ley de Hidrocarburos, que controlaría las inversiones petroleras, y abrió sus puertas nuevamente al Instituto Linguístico de Verano, que era algo así como el encargado de evangelizar a los indios, llevarlos a una reservación y hacerlos que despejaran el terreno, dejándolo libre para las petroleras. Por los resultados se conoce quién estuvo detrás de todo esto. Una cosa más: ninguno de los países, incluyendo Ecuador, ha mejorado su calidad de vida gracias a la explotación de los recursos naturales, NINGUNO: los malls, las autopistas y los adoquines jamás podrán representar una real superación del ingreso económico de los pobres, una mejor educación, o un sistema democrático que funcione por igual para todos. Es el otro dato que los sicarios económico siempre esconden en sus informes.
En su libro, Perkins insiste en relacionar su cambio personal, confesión pública y búsqueda de redención, con la de ser un estadounidense legítimo, una persona que basa su sentido de justicia en los propios ideólogos y luchadores independentista que cimentaron la democracia de los Estados Unidos, en la pluma de un Thomas Paine por ejemplo, sobre todo en su "Sentido común", además de Jefferson, a la postre dos radicales que descubrieron y explicaron a su pueblo, en esa época colonia británica, cómo el sistema inglés era medularmente de hiper explotación. Ellos desmontaron el andamiaje el discurso y la propaganda del imperio. Así, Perkins se vale de lo producido en la propia tradición americana, en la herencia de los "padres de la patria" (the Founding Fathers), para desarrollar una posición ética y humanitaria, acorde a su autocrítica actual y en tono con un sentido de justicia y ético de provecho para la humanidad. No se diga que se trata también de otro "comunista".
Esto que leo y escribo no tendría sentido si no lo relacionara con la situación actual del territorio que comprende Venezuela, Colombia y Ecuador, y que por estar saturado de recursos naturales es la ambición de cualquier transnacional de construcción y explotación mineral. En un mundo dominado por el oro (ni siquiera por el euro, peor el decadente dólar), saber que hay inmensos yacimientos, minas y fuentes de extracción de este mineral, así como cobre y petróleo, es para alegrarse y preocuparse, pues, de seguir la lógica (y advertencia pública) hecha por Perkins, estamos a las puertas de una conflagración internacional y estrago nacional que, por ahora, se expresa en términos gobierno colombiano versus vecinos, mañana posiblemente sea otro eje, pero en el fondo se trata de quedarse con los billones de dólares que la histórica mezquindad humana y un sistema de brutal e indiferente concentración de bienes desean para sí.
En Ecuador corren voces, cada vez más fuertes, de que un atentado para acabar con la
vida del presidente Correa está en marcha. Emails vuelan de un lado a otro confirmando este rumor, así como que el presidente tiene ahora guardespaldas cubanos que antes cuidaban a Fidel Castro, supongo por los vaivenes a los que están sujetos elementos militares y de la policía de Ecuador. El mismo presidente Correa hace pocos días anunció la existencia de recursos minerales de, quizá, 200.000 millones de dólares. Esta cifra, a todas luces, es una invitación a la guerra, un llamado a la ambición y una prueba más de lo frágil que son los países en que vivimos, sin economía, fuerza militar ni unidad social. Perkins también dice que la última guerra con Perú fue por presión de las multinacionales que querían definir con cuál de los dos gobiernos hacer negocio y organizar el saqueo.
Perkins recuerda que el plan de trabajo que sus empleadores siguen para convencer a los gobernantes de ceder al capital extranjero, sin ningún tipo de control, ganar la licitación de obras y endeudarloses, es el siguiente: 1- visita de los sicarios económicos (como él), 2- si eso fallaba, darle paso a los "chacales": mercenarios que se encargarían de desestabilizar al gobierno mediante paros nacionales, guerras con los vecinos y asesinato del presidente o autoridades claves (¿qué pasó con Jaime Hurtado?) para presionarlos, 3- si esto también fallaba, se procedía a la invasión militar.
Mientras las "bolas" desestabilizadoras corren a diario en Ecuador, la oposición (Sociedad Patriótica, el Prian de Alvarito -el millonario que no tiene una sóla propiedad declarada a su nombre en Ecuador y está metido en líos con declaraciones de impuestos- y los socialcristianos) le hace el juego a los enemigos externos de Correa, afilan sus cuadros "de perfil bajo", y se hacen de la vista gorda, como si supieran algo que los demás no sabemos.
Cuando murió Roldós no hubo ninguna manifestación ni ajuste de cuentas a los que se favorecieron por su muerte. Correa, que tanto habla de que no hay que repetir los errores del pasado, al no contar con un respaldo multitudinario organizado en todo el país, sobre todo en la gran urbe Guayaquil (más de 2 millones de ecuatorianos, a la postre, organizados ideológicamente por la ultra-derecha), parece no haber aprendido la lección ni por su propio bien ni por la estabilidad de Ecuador. Contradictoriamente, Correa insiste en llamarse "de izquierda", cuando, en realidad, su plan de trabajo (aun desconocido en muchas áreas) es para modernizar el estado, volverlo económica y socialmente eficiente, fuerte, más desarrollado, con infraestructura vial a la disposición del agro. Pero esas razones, convenientemente no las acepta la oposición ni sus medios de comunicación, y tampoco Correa parece ser capaz de divulgarlas de manera apropiada para crear el consenso nacional que tanta falta le hace.
Los próximos meses, quizá el próximo año, en que la Base de Manta, hoy en manos de los militares estadounidenses, pase al control del gobierno nacional, será el año cero para Correa y su programa. ¿Quién será el Thomas Paine que estructure un pensamiento libertario? ¿Quién será el John Perkins de Ecuador que, cuando hayan pasado estos años, salga de la sombra y cuente la historia de injusticia y privaciones que todos sentimos pero nadie se atreve a verbalizar?