Eugenio Espejo
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La Autoridad del Rey
1. º La obligación indispensable que hay de obedecer al Rey. Cuando no consideremos más de que por una necesidad inevitable de solicitarnos todas las ventajas de la sociedad, hemos radicado el depósito de la Autoridad Pública en el Rey; que por la misma razón le hemos entregado voluntariamente parte de nuestra libertad, para que haga de nosotros lo que juzgue conveniente; que su poder, en atención a este sacrificio, se extiende únicamente a procurar el bien común de sus vasallos; y que bajo de estas miras, no podemos resistir a sus preceptos, considerando bien que ellos no tienen otro objeto, que el del buen orden, la economía, la conservación y felicidad del Estado; obedeceremos con gusto a todo lo que su Majestad (Dios le guarde), ordenase sobre cualquier asunto gubernativo. Bajo de estas consideraciones, cada uno de nosotros debe imitar a Platón80, que daba gracias al cielo porque le hizo nacer en el tiempo en que vivía el admirable Sócrates. Y nosotros le debemos rendir las más humildes, porque nos trajo al mundo bajo el feliz gobierno de un Rey patriota, a quien no solamente Dios por su misericordia nos obliga a —350→ obedecer, pero aún nos ha dado previos y dulcísimos sentimientos para amarle.
Pero aún hay otro motivo de no menor magnitud que los ya dichos para apurar el establecimiento de lo que el Rey ordena. Es este nuestro Honor. Para quien comprendiese bien esta palabra, lo que ella significa y la genuina acepción que debe tener entre nosotros, no habría necesidad sino de repetir de esta manera: El honor nos obliga a la extinción de las Viruelas en este Reino. Y, luego después de oídas estas palabras, se correría rápidamente tras la asecución heroica de este Honor. Él es objeto primario del Gobierno Monárquico; porque la nobleza de las grandes acciones, cierta sobria libertad de pensar y de decir, y todos los efectos de la grandeza de corazón se cultivan en él, y él los inspira indefectiblemente; de otra manera, ¿cómo me atrevería a tomar cierto género de elevación de ánimo en el tono, en los discursos y aún (permítaseme que lo diga), en la misma naturaleza de la elocución? El Honor (extiendo hacia otros fines el significado preciso que ya le di), es también trascendental al que lograría la Nación por el precioso hallazgo sugerido en el Proyecto.
Por: Eugenio Espejo