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El control de la corrupción se vuelve cada vez más difícil en el Ecuador |
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El país con el más alto índice de control de la corrupción es Chile (88.7) luego Costa Rica ( 77.3) y Uruguay (71.4); en el extremo están Ecuador (26.6), Bolivia (25.1), Venezuela (14.3) y Paraguay (12.8).
El control de la corrupción se vuelve cada vez más
difícil en el Ecuador, convirtiéndose en uno de los más serios problemas del
país, más aún cuando la tolerancia de la población a este mal se ha elevado en
los últimos años. Esta es una de las conclusiones del estudio AUDITORIA DE LA
DEMOCRACIA , Ecuador 2006, el mayor estudio sobre cultura política elaborado por
el Proyecto de Opinión Pública (LAPOP) de la Universidad de Vanderbilt, bajo la
dirección del Prof. Mitchell Seligson, y el Centro de Estudios y Datos (CEDATOS / Gallup Internacional), bajo la
dirección del Dr. Ángel Polibio Córdova.
Los
resultados del estudio son coincidentes con los del Instituto de Medidas de
Gobernabilidad del Banco Mundial, y ubican al Ecuador entre los cuatro países
con mayor índice de corrupción entre 18 estudiados en la región. El país con el
más alto índice de control de la corrupción es Chile (88.7) luego Costa Rica ( 77.3) y Uruguay
(71.4); en el extremo están Ecuador (26.6), Bolivia (25.1), Venezuela (14.3) y
Paraguay (12.8).
El
estudio de Vanderbilt y CEDATOS realizado en las 21 provincias continentales del
país, áreas urbanas y rurales con
entrevista a 3000 hogares de sierra, costa y amazonía presenta
datos
alarmantes: la mitad de los encuestados reconoció haber sido víctima de la
corrupción en el último año, con índices de tolerancia frente a la
corrupción elevados y que han ido
en aumento en comparación a América Latina y muy superiores frente a
Europa. En 2001 el índice de tolerancia fue de 19%;
en 2004, 19.2%, y en 2006 subió a 21.2%.
Si
para el análisis de las víctimas de la corrupción se considera el pago de coimas
en la actividad diaria, se observa que más de un quinto de la población las
considera justificables, siendo Guayaquil donde es mayor la tolerancia, con el
37.3%, frente a Quito que registró un 13.7% de tolerancia; las ciudades grandes
son más tolerantes que las pequeñas (21.2% frente a 17.4%) y las áreas urbanas
mucho más que las rurales (16.2% frente a 10.3%). Por su parte la tolerancia de
la corrupción en la costa urbana es superior a la que registra la sierra urbana
(29.9% vs 16.2%).
Por
sexos, las mujeres toleran menos a la corrupción (18.8%) que los hombres
(23.7%), en tanto que por edades la tolerancia se observa más en los jóvenes de
18 a 25 años (28.2%) y en los
adultos de 56 a 65 años (22.9%) apareciendo como los grupos de edad que más
justifican el pago de coimas u otras formas de corrupción.
En
el estudio de 2006 al igual que en 2001 y 2004 se ve que las mayores víctimas de
las coimas se registran en el sector público y por parte de la policía. El 12%
dice haber sido coimado por un policía; el 41% dice haber visto a los policías
recibiendo coimas y un 30%, a un
empleado público; otro 15% dice que un empleado público le solicitó una coima,
especialmente en las dependencias judiciales donde el 23.8% dice haber sido
víctima de coimas.
¿Dónde son más usuales las coimas y los sobornos? La
población dice que son más usuales en los juzgados (23.2%); en los municipios
(14.6%); en las escuelas y colegios (13.2%); en las empresas eléctricas (11.7%);
en los servicios de salud (8.7%); y en las oficinas públicas (7.3%).
Por
ciudades, la población dice haber sido víctima de una coima por lo menos una vez
durante el año pasado en la siguiente forma: Guayaquil tiene el mayor registro
(43.7%); las ciudades grandes (36.5%); ciudades pequeñas (34.4%); Quito (33.9%);
áreas rurales (32.8%) y ciudades medianas (26.8%).
El
estudio demuestra que el haber sido víctima alguna vez de una forma de
corrupción, hace que los afectados tiendan a justificar tales actos,
convirtiendo a este delito en un círculo vicioso que será difícil de romper.
Quienes no han sido afectados, en un 15% la justifican, sin embargo el promedio
nacional de justificación es superior al 22% y tiende a ser mayor conforme
aumenta el número de veces de haber sido objeto de una forma de corrupción.
Nótese, sin embargo, que estos hechos irregulares bien pueden estar referidos a
pequeños actos de corrupción en la actividad diaria, ya que los actos
voluminosos y de gran escala no están al alcance de la población común y de
ninguna manera podrán ser justificados por la
población.
FUENTE: AUDITORIA DE LA DEMOCRACIA, ECUADOR UNIVERSIDAD DE VANDERBILT (LAPOP),
CEDATOS.