Tony El Suizo nos escribe desde Vietnam y recuerda con cariño a Manabí
El recordado Tony El Suizo es una celebridad en Asia, en donde lo reciben con honores. En las palabras de Buda,
bendiciones
especiales se da a los hacedores de puentes y caminos porque ellos
sirven a
tanta gente. Lea la carta completa de Tony en elNuevoEmpresario.
Los puente en Asia estarán terminados en un mes más, aquellos en Ecuador justamente pudieron ser comenzados esta semana, después de ocho meses de trámites de importación dolorosamente lentos. A la gente de Manabí se podía haber aliviado este invierno
MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS
Control fronterizo Bavet-Moc Bai, Camboya-Vietnam
12 de abril, 2006.
Es una noche de luna llena y estoy pasando el control fronterizo de Bavet-Moc Bai. Mis piernas me cargan casi normalmente de nuevo, junto con mis dos bolsos de pertenencias. Es la víspera de Año Nuevo del año 2549, en el calendario budista de los pueblos de Tailandia, Camboya y Laos.
Millones de personas en estos países están hoy de viaje a sus pueblos natales, para visitar a sus familias y presentar sus respetos a sus padres. Mientras tanto, yo estoy de viaje a Vietnam, donde durante las próximas tres semanas estaremos completando otros 16 puentes para unos 50.000 campesinos.
Las fronteras en Indo-China
Pasando por la tierra de nadie entre Camboya y Vietnam me detengo un rato y miro hacia atrás. La recta fronteriza está justamente posicionada en dirección este-oeste, y eso produce una vista impresionante: detrás de mí queda el nuevo edificio fronterizo de Camboya, diseñado al estilo elegante de un templo budista y justo encima de ello un sol de la tarde color rojo-sangre, descendiendo lentamente sobre los campos de arroz camboyanos. En el este se levanta hacia el cielo, al mismo tiempo, una inmensa luna amarilla-dorada sobre Vietnam. Por debajo está el edificio fronterizo vietnamita, al estilo fuerte y masivo socialista, bandera roja con estrella amarilla ondulándose en la brisa de la tarde. Giro, una y otra vez, del sol hacia la luna, de este hacia oeste, de Camboya hacia Vietnam, asombrado ante semejante momento tan hermoso.
Fronteras eran para mí lo que ríos son para la mayoría de viajeros: obstáculos en el camino. Hace muchos años aprendí a amar los ríos, a escucharlos y a tenerles respeto. No estoy seguro si alguna vez podré decir lo mismo de las fronteras. Tal vez lo aprenda en Indo-China. Porque aquí estamos ahora trabajando al mismo tiempo en Camboya, Vietnam y Laos y constantemente estoy cruzando alguna frontera.
Entre ellas hay puestos fronterizos muy tranquilos, como aquel de Veun Kham entre el noroeste de Camboya y sur de Laos, o aquel cerca de Pailín, antiguo bastión de los Khmer Rojos, en las montañas entre Camboya y Tailandia. Allí me gusta sentarme un rato y charlar con los guardias camboyanos quienes ya me conocen y donde uno se siente como en tierra patria. Cuando me levanto me envían sobre la ruta polvorienta con un sincero deseo: "Buena fortuna en tu camino!"
Aduanas y permisos
Pasar una frontera como individuo no es necesariamente sencillo. Pero si como tal además se quiere pasar cientos de toneladas de material para puentes, y encima de eso liberado de impuestos, entonces se requiere un montón de tiempo y paciencia y muchos pasos previos en ministerios y autoridades aduaneras de los diferentes países, en diferentes idiomas oficiales y escrituras, con certificaciones, autorizaciones, verificaciones, etc.
Por ejemplo, hace ocho meses la compañía de tubos de acero Tenaris Siderca en Argentina nos donó tubos de acero nuevos en un valor de casi un cuarto de millón de dólares - para 37 puentes grandes en Camboya y Vietnam y para 33 puentes más pequeños en Ecuador. Mientras los del Asia estarán terminados en un mes más, aquellos en Ecuador justamente pudieron ser comenzados esta semana, después de ocho meses de trámites de importación dolorosamente lentos. A la gente de Manabí se podía haber aliviado bastante esta temporada de invierno con sus inundaciones.
Diferentes países, diferentes equipos
Hasta el día de hoy hemos completado 297 puentes en nueve países y otros 67 están en proceso en el Sudeste Asiático y América del Sur. Al momento están activos 5 equipos locales: Dos en Vietnam, uno de ellos en la provincia de Ben Tre y otro en la de Bac Lieu, que consisten en soldadores y jóvenes ingenieros del gobierno provincial, apoyados por oficiales del gobierno a nivel provincial y local.
El equipo en Camboya está compuesto por mis colegas Khmer Sopul y Sopoan, a veces apoyados por los soldadores Vath y Darin. Miembros de muy alto rango del gobierno nacional nos ayudan en asuntos oficiales. En los sitios de construcción el trabajo no lo hacen solamente los adultos y centenares de niños orgullosos y risueños, sino frecuentemente también los monjes budistas. Construir puentes es una tarea aconsejable. En las palabras de Buda, bendiciones especiales se da a los hacedores de puentes y caminos porque ellos sirven a tanta gente.
En Ecuador no son monjes budistas sino más bien padres católicos quienes viven en el monte y conocen del sufrimiento de la gente. Y quien se entera de un puente necesario intenta contactarse con el equipo ecuatoriano, o sea con Walter Yánez. En ese país podemos contar con la colaboración de muchos amigos de hace años, de algunas compañías y también de algunos gobiernos provinciales. Desde hace poco, en la provincia de Manabí, Martha Salvatierra, joven empleada de una radio de Portoviejo, camina de pueblo en pueblo en su tiempo libre y le cuenta a la gente la historia de los puenteros y proyecta películas sobre ellos. De esa manera todo el mundo sabe de lo que se trata, lo cual es especialmente bueno en un año electoral. Así a nadie se le ocurre utilizar un puente del pueblo como truco político.
Otra joven señorita, Thippaphone Singsavang ayuda en Laos, donde ella es hasta aquí la única integrante de un equipo puentero lao. Joven secretaria del gobierno provincial, ella dedica su tiempo libre a ayudarme como guía y traductora voluntaria, decidida a servir a sus campesinos extremadamente pobres.
El camino es el destino
Construir 67 puentes al mismo tiempo suena complicado. Y lo es. Además, cada semana en alguna parte nuevos puentes son comenzados y otros son terminados. La información de todos los puentes, materiales y operaciones convergen sobre mi computadora portátil. Allí es procesada y pronto retornada a los diferentes equipos, a las personas y compañías que ayudan, como también a autoridades nacionales y locales.
Lo que vemos funcionar aquí podría ser el resultado de una compañía constructora considerable, pero no lo es. O de una internacional organización no-gubernamental, pero no lo es. Es el resultado del esfuerzo de campesinos, miles de ellos, quienes construyen sus puentes juntos. Inspirados por ellos, toda clase de gente colabora, también en compañías y gobiernos. Un movimiento de campesinos? Una red de amigos?
Para mí es el sueño de toda una vida el cual vivo cada día en la realidad. Y cuando veo a todas esas caras asombradas y felices por acá, las conecto en mi mente con todas las caras sonrientes de sus amigos generosos en el mundo. Es allí donde se encuentran los unos con los otros.
Hay personas que pasan por la vida dejando atrás una estela de destrucción adonde sea que vayan - por convicción, por codicia, por miedo. O porque se les ordena así. O porque otros también lo hacen así O porque no conocen otra cosa.
Y luego veo a personas que trabajan juntos por encima de toda clase de fronteras, dando lo mejor de sí y recibiendo lo mejor de los demás. Atrás queda una senda no de destrucción sino de construcción. No de deshumanización sino de dignidad. Una senda en la cual nuestro propio sufrimiento y el de otros se tornan en esperanza compartida. Siento que esta es una senda que vale toda la pena de andarla, y más allá de todas las fronteras.