La incansable acción política y militar a la que desde muy joven se incorporó Eloy Alfaro, surgió precisamente en tierras manabitas.
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Un día como hoy de 1895, se consolidó el definitivo triunfo de la Revolución Liberal y marcó los rumbos de la modernidad y el progreso integral de la patria, impulsado principalmente por Eloy Alfaro Delgado
Un día como hoy de 1895, se consolidó el definitivo triunfo de la Revolución Liberal y marcó los rumbos de la modernidad y el progreso integral de la patria, que con tanto afán buscaban ideólogos, protagonistas y líderes de la talla de nuestro Q. R. H. Eloy Alfaro Delgado.
El legado que dejó a la nación ecuatoriana la jornada liberal de hace 112 años, invita a exaltar con justo merecimiento a sus gestores que de distintas maneras y en diferentes escenarios de lucha aportaron a la consolidación del triunfo del liberalismo para hacer realidad los preceptos de cambios que propugnó.
Preludio de luchas
La incansable acción política y militar a la que desde muy joven se incorporó Eloy Alfaro, surgió precisamente en tierras manabitas,
Esa página inicial de su historia de intensa lucha aconteció en junio de 1864 en el sitio Colorado, de Montecristi, su tierra natal, producto de un estratégico combate en el que tomó prisionero al coronel Francisco Salazar, gobernador de Manabí y representante del Gobierno de Gabriel García Moreno.
Este importante evento animó los propósitos revolucionarios de Alfaro y sus compañeros. Asimismo, hizo posible que numerosos compatriotas se incorporen a las “montoneras”, que fue la denominación de los grupos rebeldes de compatriotas seguidores del héroe manabita.
Sin claudicaciones
El indesmayable quehacer revolucionario de los liberales siguió vigente entre los años 1878, 1880 y 1883, pese a las vicisitudes que surgieron repetidamente y marcaron bajas notables en las filas de los combativos liberales.
El fervor por cambiar el panorama político del país continuó incluso frente a cruciales momentos como la derrota de Eloy Alfaro en el combate naval de Balsamaragua (Jaramijó) a bordo del Alajuela (diciembre de 1884), frente a las naves del Gobierno de José Ma. Plácido Caamaño, y de los asesinatos de Nicolás Infante (Palenque, Los Ríos) y Luís Vargas Torres (Cuenca).
Causa decisiva
El antipatriótico episodio del llamado “alquiler o venta de la Bandera Nacional” acaecido a fines de 1894, con la participación directa del gobernador de Guayaquil, José María Plácido Caamaño, sin conocimiento del Presidente de la República, Luís Cordero Crespo, ocasionó una reacción popular incontenible que tornó más propicio el trajín revolucionario forjado por el liberalismo a lo largo de varias décadas.
Así entonces, las protestas se incrementaron y la situación política del Ecuador adquirió matiz delicado, especialmente en los meses de enero y febrero de 1895. Tales hechos ayudaron a la plena vigencia de la figura de Eloy Alfaro y su causa transformadora.
Pedro Concha, Enrique Valdez y Pedro J. Montero fueron los oficiales de empuje y constancia que se alzaron en Milagro (Guayas). En otras localidades acontecieron actos similares y por lo tanto ya no hubo quien frenara el afán popular para llegar al poder y terminar con los errores gubernativos que en anteriores administraciones estuvieron acompañados de condenables actitudes de represión.
El comité investigador del hecho que causó vergüenza al país, averiguó todos los detalles para dar con los culpables del “alquiler” del lábaro patrio. Lo propio hizo el Presidente Luís Cordero, que presentó completas explicaciones sobre la conducta de su mal colaborador, Caamaño Cornejo. Sin embargo, ante las circunstancias, optó por dimitir su alto cargo el 16 de abril de 1895 y encargó la primera magistratura al vicepresidente Vicente Lucio Salazar.
Apoyo a Eloy Alfaro
Los revolucionarios liberales y los nuevos seguidores que diariamente engrosaban las tropas de apoyo al líder máximo de la causa, rechazaron la convocatoria a elecciones y otras propuestas que hizo Lucio Salazar, Jefe del Gobierno Interino de 1895, pues estaban seguros del respaldo de éste, a sus allegados, y del fraude en contra del noble guerrillero ausente en Centroamérica.
Conscientes de que en estricta justicia la conducción del país correspondía al general Eloy Alfaro, los ánimos se exasperaron y la lucha ahondó su propósito a fin de consolidar el ansiado cambio al orden de cosas reinante. El trabajo militar victorioso de Julio Andrade en Latacunga y Guaranda, de Pedro J. Montero en Guayas y de Manuel Serrano en El Oro, presagiaron el triunfo definitivo.
Día memorable
Era el 4 de junio de 1895 cuando el pueblo de Guayaquil se lanzó a las calles y cuarteles. En medio de algunos enfrentamientos, los depósitos militares fueron tomados por los revolucionarios y simpatizantes de la causa. Sin alternativas, el gobernador del Guayas, Rafael Pólit, renunció a la Junta de Notables que, de acuerdo con su orientación, receptó la dimisión de los demás funcionarios del Gobierno cesante.
El 5 de junio de 1895, fecha imborrable para la historia de la Patria, en Comicio Público se proclamó Jefe Supremo y General del Ejército a Eloy Alfaro Delgado, una exaltación similar a la que el pueblo de Chone le dio un mes antes, el 5 de mayo de 1985.
Apenas se estableció el triunfo de la causa revolucionaria, los dirigentes liberales llamaron al Gral. Alfaro, quien desde Corinto (Nicaragua) seguía los acontecimientos que siempre los alentó por diversos medios.
Alfaro en Guayaquil
En medio del regocijo de sus partidarios, Eloy Alfaro llega a Guayaquil el 18 de junio de 1895 a bordo del vapor Pentaur. Sin pérdida de tiempo comenzó a organizar su gabinete y a dar otras recomendaciones, en tanto alistaba su ejército para avanzar a Quito.
Durante su peregrinar a la capital de la República, el infatigable soldado libró recios combates, en especial contra las fuerzas gobiernistas que comandaba el general José María Sarasti. En cuanto a su objetivo final vivió la espontánea incorporación de mujeres y hombres a sus escuadras.
El recorrido quedó libre para Eloy Alfaro gracias a las victorias logradas en los campos de Gatazo (Chimborazo) y San Miguel de Chimbo (Bolívar). El 4 de septiembre entró triunfante en Quito.
Consagración del 5 de junio
Decreto Ejecutivo expedido por Carlos Julio Arosemena Tola, presidente de la República:
Considerando:
Que el 5 de junio de 1895 es fecha memorable en los anales de nuestra vida republicana y ha sido celebrada anualmente porque marca el afianzamiento de las instituciones democráticas que nos rigen;
Que es deber del Poder Público evocar las fechas consagratorias de hechos trascendentales en la vida de los pueblos y que despiertan admiración e inspiran profunda simpatía en los hombres libres.
Decreta:
Declárase Día de Celebración Cívica Nacional el 5 de Junio. En tal fecha se enarbolará el Emblema Patrio en todos los edificios públicos;
Se sustentarán conferencias en los planteles educacionales e instituciones militares y se suspenderán las actividades administrativas, así como las clases en universidades, colegios y escuelas.
El Ministro de Gobierno encárguese del cumplimiento de este decreto.
Dado en el Palacio Nacional, en Quito, a 1 de junio de 1948.
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