Por: Pedro Vincent Bowen
pedrovincent@yahoo.com
Al fin, dijimos: la banca comenzará a cumplir el fin social que debe cumplir. Al fin, dijimos: la banca será una herramienta para el desarrollo. Al fin, dijimos: la banca recuperará el prestigio perdido a raíz del descalabro que sufrió la economía del país, como consecuencia del “atraco del siglo” cometido por banqueros corruptos que se alzaron con la plata del Estado y de los depositantes, para lo cual contaron con la complicidad del presidente más nefasto que recuerda la historia ecuatoriana: Mahahuad.
Y claro, no podía demostrar de mejor manera su “gratitud” el “presidente de las armonías” hacia quienes financiaron su campaña política. ¿Quién no recuerda los 3 melones de cholo-dólares que le “regaló” Aspiazu antes de las elecciones?
Esa cifra, sostienen los aficionados a la chismología, es insignificante ante la avalancha de “donaciones” (cuasi forzosas) entregadas por banqueros y petroleros al tesorero de la campaña (un hermano del “armonioso”). Las cifras exactas es un secreto que nunca conocerá el público y que sólo las saben los que dieron la plata, los que la recibieron... y el diablo (por supuesto).
Pero (el infaltable), como la alegría del pobre dura poco, en el trayecto que va desde Carondelet al Congreso, el proyecto susodicho sufrió una serie de metamorfosis. Luego, durante el tratamiento ya interno del borrador, previo a su aprobación, “el hombre de maletín”, mensajero de los interesados en que “las cosas cambien para que todo siga igual”... se encargó de conseguir que, entre lo enviado por El Sonriente y lo aprobado por el Parlamento, exista una distancia kilométrica, abismal. A tal punto, que “el remedio ha resultado peor que la enfermedad”.
Sí, en verdad. Sin necesidad de ser experto en materias económicas, el menos conocedor, el más ignorante (incluyéndome yo) se da cuenta de que era preferible que los cobros por intereses y comisiones, se hubiesen mejor mantenido tal como estaban.
Pruebas al canto: Tengo un pequeño crédito en un banco local, cuya identidad omito por la ética que me obligan los códigos de mi oficio. Su vencimiento cayó en vísperas de las vacaciones que tengo programadas desde el año pasado. Y claro, debía escoger, entre la cancelación del préstamo y no viajar... o renovarlo nomás, y viajar. Opté por la segunda opción. ¡Hasta la vuelta!
Entonces, armado con el valor ($$) que se exige para la renovación del crédito (por 90 días), al banco me fui preñado de contento, creyendo ingenuamente que me saldría barata la transacción. ¿No se sabía acaso que el Banco Central fija ahora las tasas de interés y que definitivamente fueron eliminadas las “comisiones”, ah? ¡Oh ingenuo de mí! Había olvidado (por un momento) que estamos en el Ecuador, país de los absurdos, del tongo, de la viveza criolla institucionalizada, en donde todo lo imposible es posible.
Hasta que bajé de las nubes de mis ingenuidades, de mis credulidades, de mis candideces y de mis simplezas... al llegar a la ventanilla No. 3. “¡Son 76 dólares!”, díceme con frialdad de cajera, la cajera, mientras manipula mis papeles con unas uñas que no han visitado recientemente a la manicurista.
Hurgo en mis bolsillos hasta completar la cifra. Pago y se me entrega el correspondiente recibo.
Al revisar luego la liquidación, me encuentro con la ingrata sorpresa de que por el interés y los impuestos, me cobraron sólo 26 dólares. Mientras que por “servicio de tasación” (¿?) pagué 50 dólares adicionales. ¡El doble de los intereses!
¿A quién reclamo? ¿A quién me quejo? ¿A quién deben reclamar y quejarse los miles y miles de prestatarios que están siendo víctimas en todo el país de esta situación que no me atrevo a darle el calificativo que se merece por temor a que me pongan en la lista negra para que no me presten nunca jamás?
Si usted, que me está leyendo, ha sido también sorprendido (a) por un cuentazo bancario parecido, llámeme al 091-820884 o escríbame al e-mail: pedrovincent@yahoo.com para unirnos y en causa común decirle mediante comunicado al Presidente de la República, que a través de la Superintendencia de Bancos, el Banco Central o quien coño sea... no permita que se siga perjudicando a los que por necesidad nos vemos obligados a embarcamos en deudas que a la larga se convierten en dogales que estrangulan aún más nuestras escuálidas economías.