Don Guillermo A. Rodríguez A. profesor de 95 años de edad asegura que los “restos”, los “huesos”, las “cenizas” (o lo que supuestamente quede de Alfaro en su actual “tumba”, “nicho”, “sepulcro” o “mausoleo”)... ¡no existen!
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Pedro Vincent: "Como todos los grandes personajes de la historia, Eloy Alfaro sigue siendo tema de controversias... Ha transcurrido casi un siglo de su muerte... Y continúa la discusión..."
Por: Pedro Vincent Bowen
pedrovincent@yahoo.com
Y ante el anuncio de Rafico I, El Sonriente, rey de “Banana República” (como llaman a Ecuador en España): ¡No es justo que los restos del Viejo Luchador estén en un rincón del Cementerio General de Guayaquil y por eso iniciaré los trámites para que sean llevados a Montecristi!... Se ha alborotado (otra vez) el gallinero.
Ya en ocasiones pasadas hubo intentonas de lo mismo. Levantándose el cotarro. Más por cuestiones políticas que cívicas. Sin embargo... nunca llegó a concretarse “el pase” post mortem del Poeta de la Espada, del Gran Anciano, del Sol de la Inmortalidad, del Heroico Soñador (en palabras de Montalvo). Pero (el infaltable), esta vez nadie se opone al retorno simbólico del Padre del Liberalismo a su tierra natal. ¡No! Lo que pasa es que ahora, se nos acaba de asegurar que los “restos”, los “huesos”, las “cenizas” (o lo que supuestamente quede de Alfaro en su actual “tumba”, “nicho”, “sepulcro” o “mausoleo”)... ¡no existen!
¿Quién lo asegura, ah? Don Guillermo A. Rodríguez A., profesor (95 años), en Cartas a El Universo: “... el 28 de enero de 1912, a las cinco de la tarde, cuando únicamente quedaban en El Ejido las cenizas del Viejo Luchador, cayó una espantosa granizada que fue barrida con los pies por las alcoholizadas turbas de fanáticos asesinos, no dejando rastro alguno de despojo humano, sólo lodo batido...” Y, por lo tanto, deduce este oldman que nació el mismo día del magnicidio (según mis fuentes), “en el mausoleo no hay restos, pues se trata de un cenotafio” (monumento funerario en el cual no está el cadáver del personaje a quien se dedica).
En cambio, léase la narración de José María Vargas Vila en su libro (publicado en 1914) “La muerte del Cóndor” dos años después del horrendo crimen: “... Cae la noche. La lluvia apaga las hogueras y los cuerpos quedan a medio calcinar. ¿Qué queda de Eloy Alfaro? Un tronco a medio arder, recogido de aquella hoguera, sobre cuyo emplazamiento, mañana la Libertad le alzará una estatua...” Y sigue: “... la quintaesencia de la Libertad reside en ese puñado de cenizas que manos piadosas recogieron de las hogueras del Ejido...”
¿Quién tiene la razón? ¿El profesor Rodríguez? ¿Vargas Vila? ¿Existen “restos” de Alfaro en su actual sepultura? ¿Se trata solamente de un cenotafio hueco? Pronto sabremos la verdad. Aunque, para decir la plena, poco importan los despojos materiales de Alfaro, si de tales no depende la grandeza eterna de sus huellas dejadas en el mundo. Al igual que Jesús el Kristo perdura en el corazón de los cristianos... a pesar de que su sepulcro... ¡también está vacío!