Proceso electoral se inauguró en el TSE con discurso del Presidente de la República
Presidente Correa: "Gracias, compatriotas, por demostrar su irreversible convicción por la patria. Gracias a todos quienes apostaron, con honestidad, incluso en la divergencia, por esta Asamblea de los ciudadanos"
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El Presidente Correa en su discurso hizo un llamado a la nación para que el espíritu nacional, el más honesto y profundo se haga presente en esta hora, que es la reafirmación del cambio de época, de la mayor esperanza para los pobres de la patria.
El Presidente de la República, Rafael Correa, asistió hoy a la inauguración de la jornada de elección de representantes en la Asamblea Nacional Constituyente, unos comicios que fueron calificados como, “sin duda, históricos” por parte del Primer Mandatario, quien dijo que es "una cotienda electoral justa" y "la más democrática de las últimas décadas".
El Primer Mandatario estuvo en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) acompañado por el Vicepresidente, Lenín Moreno, así como por los integrantes del Gabinete. A la inauguración también acudieron el Presidente del Tribunal Constitucional, Patricio Pazmiño; el presidente alterno de la Corte Suprema de Justicia, el Contralor, el Procurador y otras autoridades civiles y militares, así como observadores internacionales.
El Jefe del Estado señaló que la presente “es la contienda electoral más democrática de las últimas décadas” y recordó que, además publicidad por igual para todas las candidaturas, los migrantes ecuatorianos, por primera vez en la historia del país, tendrán representantes políticos.
Participación de la mujer.- El Presidente indicó, del mismo modo, que vivimos “horas de reflexión y júbilo” y destacó que la convocatoria a la Asamblea “ha incluido a todos y todas los ecuatorianos” y “es motivo de reconocimiento nacional e internacional”. También expuso que “este proceso electoral marca definitivamente la participación activa de la mujer, sin trampas ni subterfugios”.
De la misma manera, afirmó que “es la hora de olvidar rencores, desechar el odio e incorporarnos todos a la construcción de la patria nueva soñada por todos”. Exhortó, además, a la corresponsabilidad cívica y anunció que “vamos a la conquista de mejores días” con la Asamblea Constituyente.
Tremendamente democráticas.- El Primer Mandatario agradeció a todas las personas implicadas en el buen desarrollo de los comicios y reconoció el “extraordinario trabajo” del Tribunal Supremo Electoral en estas elecciones “tremendamente complejas pero también tremendamente democráticas”.
Finalmente, hizo un llamado a votar “con infinito amor por el futuro de la patria” y a avanzar “hacia la patria libre y soberana de todos y para todos”.
Proceso inédito.- El presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Jorge Acosta, destacó la trascendencia de estas elecciones, de las que saldrá la Asamblea encargada de elaborar la nueva Constitución Política de la República, y señaló que “el ciudadano es el primer actor del evento electoral”.
Así mismo, recordó que en la convocatoria se seleccionarán 130 representantes, de los que 24 serán por circunscripción nacional, 100 corresponderán a las provincias y, por primera vez, también los migrantes tendrán representación política, con dos asambleístas por Europa, dos por Estados Unidos y dos por América del Sur.
Acosta destacó, del mismo modo, las “enormes complejidades” de este “proceso inédito”. Entre otros elementos, el máximo responsable del TSE recordó que esta convocatoria ha supuesto la prohibición de entrega de regalos durante la campaña, la financiación por el Estado de la publicidad política, que fue distribuida de manera igual para todas las candidaturas.
Discurso del Presidente
Una carta muy sentida, que recibí en los primeros días de Gobierno, decía textualmente: “Quien ha visto alguna vez la luz de la esperanza, ya no podrá descansar jamás, hasta ver, en la realidad, la concreción de ese sueño”.
Hoy, al inaugurar esta nueva edición de la justa electoral, podemos observar, con legítimo orgullo, que es, en verdad, una contienda electoral justa, la más democrática de las últimas décadas, porque hemos cumplido, una vez más, la promesa que honra la palabra, y esa palabra fue jamás traicionar los ideales y la confianza del pueblo ecuatoriano.
La realización de la Asamblea Nacional Constituyente, con una convocatoria que ha incluido a todos los ecuatorianos, contando entre ellos a quienes negaron al pueblo su participación o denigraron la naturaleza de la Asamblea, es motivo de reconocimiento nacional e internacional.
Hemos dicho que una verdadera democracia no se sustenta solamente en el derecho al sufragio, sino en que la capacidad de ciudadanos y ciudadanas para elegir esté atravesada por su convicción, por su conocimiento, y, especialmente por su dignidad.
El derecho al sufragio forma parte de ese amplio abanico de los Derechos Humanos y es un derecho inalienable. En el pasado observamos cómo, en reiteradas convocatorias a elecciones, el poder omnímodo se presentaba como representante de los sectores populares, a quienes negaba, de manera sistemática, la opción a participar, a ser elegidos, y, por supuesto, a optar libremente por tal o cual doctrina, movimiento, partido o emblema.
Ahora, en este proceso en que la revolución ciudadana, con absoluto respeto al Tribunal Supremo Electoral, ha demandado la democratización, la equidad de género, podemos mirar las consecuencias de una elección que será, sin duda, histórica.
El Gobierno nacional, sensible al requerimiento del Tribunal Supremo Electoral, suspendió toda actividad pública. Postergamos nuestro Gabinete itinerante en Santo Domingo de los Colorados, pero estaremos en la tierra tsáchila la próxima semana, porque jamás renunciaremos a estrechar los lazos con nuestro pueblo, en todos los rincones y caseríos, en todos los recintos y cantones, pero consideramos que este paréntesis a nuestra actividad es una demostración más de consecuencia con el pueblo ecuatoriano.
Es la hora, compatriotas, de olvidar rencores, de desechar el odio e incorporarnos todos a la construcción de la Patria nueva que tanto hemos soñado.
Requerimos que el espíritu nacional, el más honesto y profundo, ligado a las entrañables gestas de la Patria, se haga presente en esta hora, que es la reafirmación del cambio de época, de la luz al final del túnel, de la mayor esperanza para los pobres de la patria.
No vamos a esconder la pasión, lo que hacemos es exhortar la corresponsabilidad cívica para encontrar un porvenir que nos acerque, al menos, a la sentencia de Bolívar, que decía: “El mejor Gobierno es aquel que mayor felicidad pueda dar a sus ciudadanos”. Y a la conquista de los mejores días vamos, con una Asamblea Nacional Constituyente libre y soberana.
Gracias, compatriotas, por demostrar su irreversible convicción por la patria. Gracias a todos quienes apostaron, con honestidad, incluso en la divergencia, por esta Asamblea de los ciudadanos.
Estas horas son de reflexión y de júbilo, porque asistimos, al mismo tiempo a la fiesta de la democracia y al pleno ejercicio de los Derechos Humanos.
Es también el reencuentro de la enorme y grata diversidad de nuestra nación. Es el abrazo generacional, porque aquí están los jóvenes, que no son el futuro, sino este presente de esperanza, y están quienes han entregado sus años y su sabiduría para que el Ecuador sea mejor y más generoso.
Aquí están las mujeres, por tantos años postergadas y marginadas, de manera violenta o sutil, pero siempre a la saga de la sociedad. Este proceso electoral marca, definitivamente, la participación de las mujeres de manera activa, porque no podemos imaginar la justicia sin la inclusión, y este no es un tema de tolerancia, sino de estricto ejercicio de la democracia.
Celebramos también la primera vez en la historia que los migrantes ecuatorianos tendrán pleno derecho a elegir a sus propios representantes. La Patria no es sola la nostalgia, es la bandera, el orgullo, y, especialmente, la pertenencia y la identidad.
Avancemos, compatriotas, hacia la patria libre y soberana, al Ecuador de justicia y democracia, a la patria de todos y para todos.
Por la patria, tierra sagrada
¡Hasta la victoria siempre!