¿Queréis saber cuántos accidentes de tránsito (entre leves y trágicos) ha habido en el “redondel de la muerte”?Los partes policiales registran: “sólo” 17 siniestros.
Pedro Vincent Bowen
pedrovincent@yahoo.com
¿Queréis saber cuántos accidentes de tránsito (entre leves y trágicos) ha habido en el “redondel de la muerte”? ¿Ahí donde convergen: la avenida de la Cultura, el ramal del malecón que va de Manta a Tarqui, el que viene de Tarqui a Manta y la flamante vía Puerto-Aeropuerto?
Los partes policiales registran: “sólo” 17 siniestros. Pero (el infaltable), según un amigo que ocupa el tercer piso (vista al mar condimentada con la pestilencia de La Poza) del edificio multifamiliar del Banco de la Vivienda: van como 25.
“Parece una pista de carros chocones”, dicen los vecinos asomándose a las ventanas con gran susto cada vez que escuchan el rechinar de los frenos y luego el estruendo producido al estrellarse un carro contra otro.
En anterior nota (“Ya mismo llegan los muertos”) topamos este tema. E hicimos sugerencias que al parecer cayeron en el vacío... mientras las cifras de los accidentes siguen elevándose.
Las protestas ciudadanas suben de tono. Especialmente los conductores que forzosamente tienen que enfrentarse a diario a la posibilidad de una tragedia al pasar por ese laberinto, sobre todo en las horas de mayor tráfico vehicular.
Se insistió a través de los medios de comunicación colectiva, una urgente solución al caos reinante originado por la improvisación, incompetencia y falta de experiencia de los funcionarios municipales a quienes se las ha confiado la delicadísima responsabilidad de normar el tránsito urbano en las arterias de gran circulación, sin tomar en cuenta a los que realmente conocen y se han especializado en la materia: la Policía de Tránsito, por supuesto.
Se puso el ejemplo de la manera en que se solucionaron problemas similares en cruces de mayor circulación (15.000 carros diarios) de la ciudad de Quito (Amazonas y Orellana y República y Eloy Alfaro). Inclusive, El Mercurio publicó una fotografía tomada desde el aire. En la gráfica se puede observar con toda claridad la supresión de redondeles en la capital. Y que han sido reemplazados por “semáforos inteligentes” con inversión del Municipio quiteño que no pasa de los 120.000 dólares.
Lamentablemente no se nos hizo ningún caso. Y, antes por el contrario, como para demostrar “¡quien es que manda aquí!”... se dispuso el miércoles anterior un operativo utilizando 18 policías y siete empleados municipales, se colocaron un centenar de chirimoyas luminosas y se pintaron coquetonas rayas amarillas en el asfalto.
Resultado: ¡Un tremendo congestionamiento vehicular! ¡Nunca antes visto! Más de 300 carros haciendo desesperante cola en las cuatro direcciones. Para llegar desde el paso a desnivel hasta Autoridad Portuaria... me tardé exactamente 12 minutos (10h00).
Peatones y conductores molestos calificaron la medida con toda razón como: ¡Remedio peor que la enfermedad! Al día siguiente (jueves último) en horas del atardecer, pasé por el lugar acompañado por Héctor Villagrán, el Ministro de Transporte y Obras Públicas (MTOP). Veníamos de visitar la construcción de “Ciudad Alfaro”que albergará las actividades de la Asamblea Constituyente. Y aproveché para tocarle el tema con una pregunta: ¿Podría el MTOP, desde la Subsecretaría de Transporte Terrestre, asesorar técnicamente al Municipio porteño tendente (no tendiente) a buscar una solución al tremendo enredo en que se ha convertido el tránsito en el malecón de Manta?
La respuesta de Héctor fue categórica y contundente: “Por supuesto que sí. Tenemos la persona indicada. Un técnico preparado en el exterior para estos menesteres. Yo estoy dispuesto a ponerlo a disposición del señor Alcalde en el momento en que lo solicite”.
Entonces, dejémonos de “experimentos” que sólo nos conduce a fracasos y ¡más accidentes! Por favor, escúchese a la gente especializada de la Subdirección de Tránsito de la Policía. No nos hagamos los listos y sabelotodo. O acaso todavía no entendemos el significado de “zapatero a tus zapatos”.
Entiendo y comprendo (que no es lo mismo) que a veces existen compromisos políticos o compadrazgos ineludibles que se deben cumplir dando empleos u otras prebendas prometidas en campaña. Aquello está bien siempre y cuando las personas reúnan los perfiles requeridos en cada función. Y si se hallan debidamente preparadas. ¡Cúmplase! Póngase en los puestos a quienes profesionalmente les corresponda. Comiéncese por el “cartón” que acredite al profesional como tal en su rama. Creo que para algo están las universidades, ¿nó?
¿A quién se le ocurriría poner en el timón de un avión a un periodista que no haya volado ni cometas siquiera? ¿O contratar abogadillos frustrados para enfrentar juicios de peso? En el primer caso, téngase por seguro que el avión se cae. Y en el segundo, los juicios se pierden.