Jean Pierre es una cevichería-restaurante, ubicada en la calle Chile y Ramos Iduarte de Portoviejo. Su propietaria, Betty Solórzano Zambrano dijo a elNuevoEmpresario que en su local se puede degustar panes de almidón, torta de maní o choclo, ceviches, batidos y jugos de frutas, en medio de un agradable ambiente fácilmente perceptible.
|
Hablar de Jean Pierre, es comentar sobre un negocio que surgió a través de la perseverancia de una mujer llena de fe y dedicación: Betty Solórzano Zambrano, quien ha administrado éste negocio hace 14 años.
Jean Pierre es una cevichería-restaurante, ubicada en la calle Chile y Ramos Iduarte de Portoviejo. El calificativo nació de la inspiración de su hijo mayor quien lleva éste nombre.
Pero la historia de cómo creció el negocio, va mucho más allá del nombre. Betty Solórzano contó que ella desde los 19 años se inició como microempresaria. Primero tuvo un local en el Mercado No. 1 de Portoviejo. “Era un kiosco, que lo creó mi papá, quien ya falleció”, menciona.
Este negocio, tiempo después se instaló en la calle Rocafuerte, allí se mantuvo un año, para después situarse en la Ramos Iduarte. Entre los manjares que se pueden disfrutar en el lugar están los panes de almidón, choclo, maní, ceviches, batidos y jugos de frutas, en medio de un agradable ambiente fácilmente perceptible.
Betty no sólo es la dueña del negocio, ella a la vez, prepara los platos que se piden. Se siente satisfecha por lo que hace. Además, sin su lema de vida: “Amor y dedicación por todo lo que hace” no hubiese sido posible todo lo que ha logrado hasta ahora.
“Estoy muy agradecida con Dios, jamás pensé administrar un negocio. Ha sido una bendición de Dios”, expresa Betty, quien considera que si le preguntan de franquicias mejor es pensarlo dos veces antes de responder. Por ahora no, menciona, porque quiero llegar más lejos en mi negocio, a la vez, tengo que saber qué terreno voy a pisar. En el caso de que me interesara franquiciar no sería a cualquier persona.
Betty Solórzano es ingeniera comercial. Ella se considera una mujer sencilla, luchadora, que aparte de administrar su negocio, se entrega cien por ciento a la vida familiar, a sus hijos, especialmente.
“Creo firmemente en Dios, pienso que a través de él he logrado superarme” agrega la joven empresaria, quien también indica que es indispensable que se tome en cuenta la labor de los empresarios, de las personas que tienen negocios. Debería existir leyes de respeto tanto para empleados y jefes, sostiene Solórzano, quien seguirá dedicando amor y empreño a su negocio.
Texto: Erika Vinces del Valle
erikavincesdelvalle@gmail.com