“Existe mucha nostalgia por que el día del Escudo, ya no se lo recuerda como antes. Los valores se han perdido, ahora se celebra “Hallowen” o día de las brujas. ¿Dónde quedó el significado de los colores del Escudo, el comercio que identificaba el río Guayas, las ramas de laurel y olivo, el majestuoso cóndor?”. Es lo que comentan y se preguntan algunos ecuatorianos. ¿Qué nos conlleva tener esta apreciación?
Lejos de que la fiesta de Hallowen pueda significar buena o mala. Estamos en Ecuador, y lo primero, primero, es respetar nuestra identidad, nuestros símbolos patrios, conocer su historia y los mensajes que fundamentan cada elemento que los constituye.
Una de las respuestas a muchas interrogantes es clara: Muchos niños y jóvenes están adoptando consciente o inconscientemente ideas, celebraciones, que son de otros países, impulsados por modas, extranjerismos y tradiciones ajenas. No es que diga que no se considere ciertas fiestas e ideas. De hecho la celebración de “Las Brujas” no debe pintarse de mala. Lo malo es cómo se ha transformado. Ahora esta fiesta no tiene el mismo significado de antes.
Si conocen la historia del Hallowen se darán cuenta. Pero bueno esto tiene que ver, pero no nos echemos para otro tema. Aquí, lo más importante es rescatar nuestro patriotismo, ya perdido.
Démosle valor a lo que verdaderamente debe apasionarnos: nuestros símbolos patrios. Nos dejamos llevar por emociones. Ejemplo: cuando juega nuestra selección, qué hacemos?
Vestimos la camiseta: amarillo, azul y rojo. La pregunta es: ¿Nos sentimos orgullosos de los colores o de nuestro equipo de fútbol? ¿De las dos cosas a la vez?. Muy pocos lo creen. Por qué? Pues porque pocos son los que realmente conocen el significado que comprende la tricolor o el escudo nacional.
Es hora que aprendamos a valorar más lo nuestro, mucho es lo que dice y poco es lo que se práctica.
Y para todos aquellos que no recuerdan el significado del escudo, aquí lo vamos a destacar:
Ocupa el cuerpo central el mágico paisaje ecuatoriano, caracterizado por un nevado majestuoso; El Chimborazo, rey de los Andes, de cuyas nieves eternas se desprende, cristalino raudal, un río que, al llegar al pie de la cordillera se ensancha rebosante entre márgenes de exuberante verdura. ¡El Chimborazo y el río Guayas, Sierra y Costa en una sola patria!.
Completando la lección de unión y solidaridad sugerida por el paisaje, tiéndase sobre él, el azul, uniforme de nuestro cielo ecuatorial inigualable en limpidez y diafanidad. Además, la opulenta vegetación de las riberas del río y el navío que surca sus aguas hablan de la agricultura y del comercio, principales fuentes de la riqueza nacional. La embarcación que figura en el escudo es una representación exacta del buque a vapor "Guayas" construido en el Astillero de Guayaquil el año 1840, y que se dice fue la primera nave fabricada en la América del Sur.
Especifica el decreto que el buque ha de tener por mástil un caduceo; fue este en la mitología, atributo de Mercurio y símbolo de la paz, actualmente es del comercio, consta de una vara rodeada de dos sierpes y coronada de un petazo o sombrero con alas. Cruza el azulado cielo por encima del monte la bandera plateada del zodiaco, símbolo del Ecuador que ha dado nombre a nuestra patria. Lleva en el centro un sol de oro y los signos correspondientes a los meses de marzo, abril, mayo y Junio, a saber, Aries, Tauro, Géminis y Cáncer, lapso en el que duró la lucha nacionalista contra el militarismo extranjero y la dominación Floreana.
Debajo del óvalo del escudo están representadas las fases, que fueron la insignia de los cónsules de Roma. Se componían de una segur rodeada de un haz de varas, y han quedado como un símbolo universal de la dignidad republicana. Encima del óvalo despliega las alas un cóndor, el ave que señorea los Andes ecuatoriales, y que por la gallardía de su estampa, la potencia de su inigualada envergadura, la majestad de su vuelo y la alteza de su remonte, campea como símbolo natural del valor, del esfuerzo, de la energía y de los más nobles ideales. Rodean, por fin, el óvalo, cuatro banderas nacionales entre las que asoman una palma y un gajo de laurel, para recordarnos las glorias de la patria. Fuente nunca agotada de inspiración es, pues, el Escudo Nacional.