Desde que el Mártir del Ejido fue inmolado en la Hoguera Bárbara para subir al Cielo de la Inmortalidad, han transcurrido exactamente (hasta hoy): 95 años, nueve meses con 15 días.
Pedro Vincent Bowen
pedrovincent@yahoo.com
Y en todo ese tiempo terrestre (apenas un leve suspiro cósmico), Manabí mantuvo la firme esperanza de que las cenizas del Cóndor de América retornarían a su tierra natal: Montecristi... cuando las circunstancias fueran propicias.
¿A qué “circunstancias” podríamos definir como “propicias”?, seguramente os lo estaréis preguntando.
Ufff... hay tantas. Imposible de mencionarlas todas por razones de espacio, y para no herir susceptibilidades históricas que a muchitos debe avergonzar. Pero (el infaltable), me conformaré las dos más significativas:
La primera, la inexistencia física y simbólica de un Mausoleo Apoteósico, una Tumba Sagrada que fuese digna y majestuosa para acoger en su seno (y para siempre) los Sublimes Restos del “más grande ecuatoriano de todos los tiempos”.
La segunda, la decisión voluntaria y el noble consentimiento de los descendientes directos (y más cercanos) de Don Eloy Alfaro Delgado, para permitir su traslado a la nueva (y última, espero) morada enclavada en las faldas del Montecristi.
Llegado hasta aquí, se me ocurre detenerme un instante para reflexionar en la sabiduría que encierran los refranes: “¡No hay plazo que no se cumpla... ni deuda que no se pague!”.
El plazo se halla cumplido. Y la deuda será honrada al fin... aunque con un siglo de retraso. ¡Más vale tarde que nunca!
Por supuesto, nada ocurre por azar. Ni por casualidad. Porque para que algo suceda (importante o no), es indispensable la concurrencia de voluntades.
Y entre esas voluntades, impulsadas por ideales sublimes y propósitos cívicos, ha sido (y es) activo el liderazgo del presidente Correa y la participación determinante de los dos ministros de Transporte y Obras Públicas del actual régimen: Trajano (anterior) y Héctor (actual). Cada cual aportando lo suyo... que, asimismo, la historia recogerá en su momento.
Hoy quiero entregaros una primicia: El texto de la autorización (la máxima, legalmente hablando) de los dos familiares sobrevivientes más cercanos del Padre del Liberalismo para que una parte de su cuerpo continúe reposando en Guayaquil (como dicen que fue su deseo) y la otra venga a descansar a su tierra natal.
Y el documento dice así:
“Los descendientes del General Eloy Alfaro Delgado, radicados en Ecuador y en Panamá, nos sentimos muy complacidos por la construcción de la Ciudad Alfaro en Montecristi, su tierra natal que tanto quiso, y agradecemos profundamente al pueblo y al gobierno del Ecuador tan significativo homenaje.
“La tradición familiar relata que el General Alfaro habría sugerido que sus restos mortales fueran enterrados en Guayaquil, para cumplir así la deuda de gratitud que lo obligaba a esa querida ciudad y a su pueblo, por su apoyo incansable al triunfo de sus ideales.
“Sin embargo, también registra que por el intenso cariño que el General Alfaro sentía por Montecristi y por su provincia, Manabí, cumplir esa deuda mantenía su ánimo en conflicto. Imposible le hubiera sido anticipar entonces, que el destino infame se encargaría de mantener su humanidad para siempre dispersa.
“Por respeto a aquella parte de su voluntad que lo movía en agradecimiento a Guayaquil, trasladar de allí sus restos sería inaceptable, pero negarse a resolver ahora aquel conflicto de emociones que lo vincula igualmente a su natal Montecristi, y despreciar el homenaje de su gente, sería injusto y mezquino.
“La figura cimera del General Eloy Alfaro Delgado, su obra, el legado de sus ideales, y de su ejemplo, han trascendido el ámbito familiar, constituyéndose también en Patrimonio Nacional, sin ser, por tanto, patrimonio de ningún movimiento ni sector político. Su recuerdo constituye más bien, por derecho propio, parte del acervo patrimonial del Ecuador y del pueblo ecuatoriano.
“Por ello, nos complace la iniciativa de devolver a su tierra natal en Montecristi, parte de las cenizas del General Alfaro, que como símbolo imperecedero habrá de inspirar a las generaciones futuras con el ejemplo de su espíritu indomable de profunda solidaridad humana.
“Panamá, 30 de octubre de 2007. (f) Eloy Alfaro Puig (f) Olmedo Alfaro Puig” (Únicos biznietos sobrevivientes). Continuar