El Periodico de Negocios del Ecuador

Traslado de las cenizas de Eloy Alfaro a su cuna natal, Montecristi

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Publicado por: | Fecha: miércoles 21 de noviembre del 2007

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Era el 12 de octubre de 1921 cuando fueron, trasladados con regia pompa los venerados restos de Eloy Alfaro a Guayaquil. Dormían bajo la custodia del secreto y del cementerio general de Quito.

Damos una cordial bienvenida al pueblo noble y emotivo de Manabí en esta Asamblea Cívica Provincial, para tratar el tema del traslado de las cenizas del General Eloy Alfaro Delgado, desde el Cementerio de Guayaquil hasta la Ciudad Alfaro, ubicada en su natal Montecristi.

Estamos contentos de contar con la participación de representantes sindicales, representantes de fundaciones culturales, intelectuales, en fin, de las fuerzas vivas de Manabí, para rendir homenaje al ‘Viejo Luchador’, con esta convocatoria apoteósica, en la sala Rosa Elena Falconí.

En la mesa directiva se encuentran: el maestro Ivo Uquillas Bermeo, escultor del monumento a Alfaro en la Ciudad de Montecristi; el arquitecto Francisco Aguilera Loor, diseñador y creador de la Ciudad Alfaro; el señor Mario Cuzco Quiroz, asambleísta electo por los ecuatorianos residentes en Europa; la licenciada Evita Coral Almeida, presidenta del Área de la Mujer Coronela Filomena Chávez; el abogado Héctor Villagrán Cepeda, ministro de Transporte y Obras Públicas.

Distinguido señor Ministro de Transporte y Obras Públicas, noble amigo Héctor Villagrán Cepeda, distinguidos presentes, estamos viviendo momentos históricos en la vida nacional, si se quiere decir es la continuación de la revolución alfarista, que quedó trunca con el arrastre de Eloy Alfaro, el 28 de enero de 1912. Por ello, en estos días históricos en que se discute el traslado de las cenizas de Alfaro a su ciudad cuna, a su ciudad natal, debemos analizar estos acontecimientos.

Es importante hacer una retrospección sobre lo ya dicho por los grandes historiadores al respecto de la muerte de Alfaro, sus pormenores, sus consecuencias y finalmente el traslado de sus restos en 1921 desde Quito a Guayaquil.

El gran Vargas Vila señala en su obra La Muerte del Cóndor: “La tragedia nos llama, ya la marea zarrapastrosa se dirige contra el panóptico, los soldados hacen el simulacro de resistir. Se oyen pocos tiros, las puertas de la prisión se abren, los pretorianos se fingen vencidos. ¿Por quién? Ya lo estaban por el oro clerical y la orden de sus amos. Son los mismos pretorianos indígenas del 11 de agosto. Esa turba armada se une a la que viene de afuera y principia la matanza, el ojo avizor de las fieras como guiado por un resplandor de gloria, que saliese a través de la puerta cerrada se dirige hacia la celda de Eloy Alfaro, husmean al héroe, cual si fuesen a cazar al león vencido por entre el bosque de laureles que ha sido su vida. Entran en la celda los galgos del Caín que no fueron nunca los lebreles de Velona. Aúllan cerca de la presa deseada, remolinean miedosos y feroces. El gran anciano surge entre ellos, erecto en toda su talla, como si el sol de la inmortalidad lo iluminase ya, en aquel trágico momento en que va a arrebatarlo de la tierra envuelto en el cendal de sus rayos luminosos. Los brazos cruzados sobre el pecho, mira a los asesinos con aquella mirada terrible que los había hecho temblar tantas veces y los apostrofa con aquella voz hecha a marcar en la batalla los derroteros de la victoria. ¿Qué queréis?, les dice Alfaro. ¡Mataros Viejo Eloy!, le responde un soldado del Marañón y apunta su rifle contra él. ¡Cobardes!, dice el héroe, y el traidor dispara, y el viejo libertador cae fracturado el cráneo por una bala. El corazón de América se rompió en pedazos, el único héroe auténtico yace en tierra, la más alta personalidad bélica y política de un mundo acaba de caer asesinada por la plebe enfurecida… ningún Cristo subió más alto en la hora de la transfiguración, en esa hora divina en que el hombre se hace Dios, como Eloy Alfaro Delgado”.

Otra versión de los trágicos hechos la narra José Peralta: “… de repente como un estallido, gritos y carreras surcaron los corredores, las escaleras de fierro sonaron inmunecitas, tiros de fusil se ahogaron entre las paredes grises. Don Eloy no lo quiso creer, corrían se empujaban o la injuria reventasen y los acantilados, no, no lo creía don Eloy, se le acercaban… su puerta se abrió de un golpe, él se incorporó tieso y veraz ¡Silencio, qué quieren de mi! Un tiro en la cabeza le hizo caer suavemente como un desvanecer de piel y huesos. Sus brazos delgados se posaron en el pequeño cajón de madera y ahí sin ninguna seña reposó. Era la primera y última herida que recibía el viejo luchador en más de cuatro decenas de constantes batallas… la barba de Don Eloy viajaba iluminada por las llamas. En los parques, ese domingo de caníbales, se escuchó como solía hacerse de costumbre las retretas de las bandas militares de la guarnición de Quito”.

20 años duró el sainete jurídico, en 1919 el Presidente Baquerizo Moreno decretó el indulto a los procesados. En 1932 se dispuso el archivo de la causa afirmando que no hay autores ni cómplices de los crímenes del 28 de enero de 1912. El Doctor José Peralta, en su libro Eloy Alfaro y sus victimarios resume de sarcástico el epílogo de tan bullado proceso.

Cierto es que de vez en cuando se deja ver algún destello de independencia en las Corte de Justicia, pero desaparece y se apaga enseguida como fuego opaco. Así por ejemplo, se ordenó que se hiciera extensiva la causa criminal por la masacre del 28 de enero a Octavio Díaz, Felipe Intriago y Carlos Freire Zaldumbide, contra quienes existían graves cargos en el proceso. Pero esa disposición quedó sin efecto alguno, porque el enjuiciamiento de actores principales podía ocasionar investigaciones que perjudicarían al Caudillo Marxista, y un congreso ad hoc declaró que no había lugar a formaciones de causa.

Vendidos y pervertidores jueces de instrucción, arrastrados, las fuerzas de las leyes quedaron paralizadas y se amontonaron sombras sobre sombras encima de los cadáveres de enero.

En marzo, a fin de que ni el más tenue rayo de luz pudiera alumbrar aquel cuadro espantable y trágico, los que podían revelar un gran secreto con tanta estrictez guardado iban cayendo asesinados unos tras otros en el sepulcro de manera misteriosa y prematura. Rubén Estrada, el director del panóptico que al decir del Comandante Urbina se juzgaba suficientemente defendido con el oficio ministerial en que se había ordenado no oponerse a la invasión popular.

Estrada gozaba de envidiable salud, pero a los pocos días de la masacre fue acometido de una desconocida enfermedad que le privó la vida en horas contadas. Se dijo que la causa de muerte, tan súbita, había sido una congestión hepática fulminante, pero faltó la configuración médica de aquel raro diagnóstico oficial.

¿Qué fue del oficio en que el infeliz Estrada fundaba su futura defensa? Se perdió en las tinieblas de la tumba. Parece que el Comandante Fernández jefe accidental de zona en el mes de sangre no se conformaba con la nota de infamia proveniente de su actuación en el terrorífico 28 de enero y pensó en preparar una exposición documentada que lo eximiera de responsabilidad en aquellos crímenes, posiblemente para delatar a muchos de los autores del asesinato, y durante la campaña de Esmeraldas escribió esa memoria defensiva, pero tuvo la imprudencia de comunicar sus pensamientos y aún de leer sus manuscritos a dos o tres de sus camaradas. No terminó el segundo día, sin que de manera sorpresiva y sin motivo alguno, se presentara un oficial en el alojamiento del ex jefe de la zona de Pichincha y lo mató a balazos.

Un consejo de guerra declaró irresponsable al matador calificándolo de loco. ¿Qué fue del manuscrito del Comandante Fernández? Se perdió también entre las sombras de la muerte. El destino favorecía a la impunidad, puesto que la sepultura se encargaba de ocultar las pruebas del crimen entero.

En la acusación del Dr. Pío Jaramillo Alvarado puntualizó la asociación directa de los complotados, asegurando que todo fue planificado para asesinar al General Eloy Alfaro y sus acompañantes. “Las mil páginas de este juicio criminal, si bien contribuyen para establecer ciertas responsabilidades, acumular presunciones y definir una situación jurídica de constante expectación política, no contiene el cúmulo de pruebas que permiten la imputación perfecta del hecho punible. En mérito, las creaciones heridas y por las graves presunciones que existen, desde que Julio Enrique Baca Montaño y Emilio Suárez han cometido el crimen de asesinato en las personas de los prisioneros de guerra: Gral. Flavio Alfaro y Ulpiano Páez, respectivamente, los acuso por haber infligido el Art. 392 del Código Penal. El asesinato se convirtió en pandilla por asalto y con alevosía sobreseguro con ensañamiento y crueldad, estando las víctimas en imposibilidad de defenderse. A los sindicados Alejandro Salvador Martínez, Silverio Segura, María Mónica Constante y Emilio Lazo, me abstengo de acusarlos, dejando a salvo la responsabilidad que pudieran tener María Mónica Constante y Emilio Lazo como arrastradores”, señaló Jaramillo Alvarado.

El histórico traslado de los restos del ex Presidente Eloy Alfaro Delgado es importantísimo, porque el Presidente y ustedes quieren darle una de las pompas de honores a un ex jefe de Estado de la República del Ecuador.

Era el 12 de octubre de 1921 cuando fueron, trasladados con regia pompa los venerados restos de Eloy Alfaro a Guayaquil. Dormían bajo la custodia del secreto y del cementerio general de Quito, debidamente autenticados por el examen de actas, documentos y declaraciones de testigos, poseedores del sigilo, la comisión delegada por la familia los transportó a una urna tallada por el artista nacional Icaza. El Sr. Vaca Salvador, persona muy honorable a cuyo cargo estaba la administración del campo santo, había escondido piadosamente sus despojos, guardando el secreto. Para mayor seguridad los corchó con una gran piedra sobre el que puso el esqueleto de un niño simulando que se trataba del entierro de un párvulo a fin de que no sospecharan los moribundos profanadores de tumbas.

Tres reputados médicos de convicción conservadora, pero de severa moralidad, los doctores Miño, Araujo y de la Torre, en presencia del notario público y varios caballeros actuaron en la comedera ceremonia de identificación. Y, entregando al coronel Pedro Concha Torres, delegado de la familia de Alfaro, esos huesos, los que secundado por el alfarista de corazón, Dr. Abelardo Montalvo, iban cuidadosamente envolviendo en algodón hidrófilo y gasas desinfectadas con emoción reverencial.

El acto fue decretado por unanimidad por el Congreso Nacional. Se prestó también las instalaciones de la Municipalidad de Quito para honrar los restos en sus salones, pero el Gobierno del Dr. Caamaño prefirió hacerlo en el despacho del augusto caudillo, en donde el Presidente Alfaro pasó tantas horas preocupado por el bien de la Patria.

El Coronel Concha fue contestando en el camino las numerosas manifestaciones populares, los discursos y ofrendas florales. En Tambillo, unos indiecitos acudieron entre los primeros gemidos con una sencilla corona para el amo que tanto protegió a los naturales.

Los sucesos indescriptibles requerirían la pluma de Montalvo, colorista insigne, pintor fogoso, fulgurante y sancionador que inspiró ideas de libertad a Eloy Alfaro, en el gabinete presidencial. Allí, donde recibía a sus amigos, donde trabajaba sin descanso, donde impartió órdenes salvadoras, donde fue traicionado el 11 de agosto de 1911, se destacó la capilla ardiente en un cieno de flores, crespones y luces, unas ofrendas que los más notables de Quito y las más lejanas provincias puso a los pies del Mártir elegido. Se pudo levantar una simbólica montaña de reparación y amor póstumos, la procesión recorrió algunos kilómetros a paso lento por las calles de Quito, por las calles Chile, Venezuela, Sucre, atravesando la plaza del mismo nombre, por la Maldonado hasta llegar a la estación de Eloy Alfaro, antes denominada Chimbacalle.

En el Palacio Nacional, el Dr. Manuel Montalvo entregó la urna con sentidas palabras a la comisión que desde Guayaquil vino a recibirla. En el gabinete presidencial, el jefe de la nación, Dr. Caamaño despidió al llorado Viejo, con vibrantes voces de justicia.

La urna cubierta por la bandera nacional del color histórico, que flameó triunfante enarbolado por uno de los batallones más adictos al jefe de liberalismo, fue conducida en hombros entre dos filas de militares que llevaban coronas presididas de la carroza fúnebre halada por ocho caballos ricamente enjaezados, que gobernaban sendos por la fe.

Dos soldados sujetaban una de las bregas al caballo que solía montar el General. La guardia de honor protegía a la comitiva, lo mismo que el cuerpo de bomberos llegado de Guayaquil. Los ministros de estado presidían el cortejo seguido de una masa compacta y selecta de acompañantes, gente distinguida, miembros de diplomacia, autoridades civiles y militares, brillante juventud y por último iban las bandas militares del ejército.

El viejo comité Eloy Alfaro desfilaba en rango prominente, la procesión se detuvo ante el Palacio Municipal. Desde el balcón del centro adorando con retratos del Viejo Luchador, dirigió la palabra a nombre de los obreros el presidente de la Federación de Obreros, repitiendo las mismas y significativas frases de manifiesto de la junta Eloy Alfaro del Pichincha. La mañana era triste de invierno, había llovido toda la noche y el viaje lento topaba cada paso con los abangares y charcas por muchas calles a causa de las obras de alcantarillado que estaban con el pavimento removido y abiertas sin canal.

Presenciamos escenas desgarradoras y lágrimas en el tránsito. En muchos balcones flameaban fúnebres banderas, la gente se apiñaba en todas partes. Junto al túnel de la paz en el número 18 a la derecha al descender del mesón una casa silenciosa deshabitada al parecer exhibió un pabellón a media asta. Puertas y ventanas entornadas en señal del triste duelo, ni rastro dejaban de que hubiere una alma viviente, solo detrás de la vidriera del primer balcón al fondo se entreveían, talvez se adivinaba, la silueta de dos mujeres de negro con el pañuelo en los ojos, con el movimiento en la cabeza y los hombros, se deducía que lloraban amargamente aunque la calma era absoluta, esa visión sugestiva nos desgarraba las entrañas. ¿Quiénes eran ellas, aquellas figuras que apenas se divisaban en la penumbra? Eran las viudas de los Generales Flavio Alfaro y Ulpiano Páez, compañeros del martirio del reformador ecuatoriano. La desolación y el infortunio las había congregado allí en el desierto edificio, mientras más exclusamente desfilaba la enorme procesión funeraria.

El edificio de la estación semejaba una inmensa capilla ardiente adornada de flores, crespones y luces. Salones de recibimiento, corredores, andenes y fachadas, todo estaba con negros cortinajes. Coronas y banderolas enlutadas.

Se oían apagadamente marchas fúnebres de la orquesta y de las bandas militares, muchedumbre incalculable, más numerosa que 13 años atrás, el 25 de junio de 1908 cuando la inauguración del Ferrocarril del Sur se había dado cita.

Se veía la consternación en los semblantes. El presidente del Consejo Municipal Dr. Pablo Isaca Barro dijo las últimas frases de despedida que resonaron como un himno que predicaba las virtudes del austero patriota y caudillo de los líderes. La hora de la partida se acercaba, eran las diez y media de la mañana y el ferrocarril, obra de su testarudez que tantas veces le condujo al triunfo después de que había ganado revoluciones y desbaratado ruines emboscadas, sirvió para - como una teoría inolvidable- pasear sus propias cenizas.

La empavesada nave ferroviaria literalmente entachonada de coronas y gallardetes, exilia en la férrea trompa la imagen de Alfaro con un cuadro artístico circundado de listones. La locomotora al comprimir el aire parecía quejarse, parecía gemir a intervalos como un monstruo paquidérmico de épocas pretéritas, se oía sentirse fatigada con una sobrecarga. Se diría que era titánica empresa superior a sus fuerzas conocen las reliquias del transformador y redentor de la República, del genio admirado a lo largo del continente, desde los Estados Unidos, donde tantos amigos tuvo hasta la Argentina que le dedicó sentidos homenajes.

El carro fúnebre central severamente adornado transportaba la urna funeraria tallado por un artista laureado y en la que los atributos de la República como el cóndor agonizante eran nobles símbolos.

Entre las innumerables ofrendas florales del túmulo a sus pies, sorprendía una por su belleza sin igual, un ferrocarril formado de albas rosas y violetas hermosas. La bizarra Escuela Militar montaba guardia de honor con la numerosa y escogida comitiva. Iban delegados de los poderes públicos, del cuerpo diplomático y consular, de la prensa, de las principales instituciones y sociedades, de las colonias extranjeras, amén, de muchas personas que voluntariamente se agregaron a la peregrinación. Cada pueblo de tránsito se disputaba el honor de depositar siquiera un minuto los restos en las capillas ardientes arregladas alrededor del camino, cada pueblo de tránsito le rendía sentidos homenajes y cálidas oraciones de despedida.

La partida del convoy estrujaba los corazones, era como una gigantesca elegía en movimiento parecía que algo de nosotros se iba sin remedio experimentando la sensación de la orfandad y el vacío. Al pasar por la atrevida obra de ingeniería que sobrecoge al viajero del kilómetro 133, grandes cartelones llevaban esta inscripción suspendida en el abismo, debe ser en La nariz del diablo, estas rocas atestiguan la gloria de Eloy Alfaro, el fondo del pensamiento era igual en todos si bien con algunas variantes a lo largo de La nariz del diablo. ¡Qué monumento más elocuente!

Es necesario conocer La nariz del diablo para darse cuenta de aquella magnitud, el arribo a Guayaquil no fue de un puñado de cenizas, sino de un triunfador inmortal, al que la evocación colectiva se había dirigido de la pira martirizadora y candente, en la capital quedaba algo como un soplo de desolación, cuál si un padre nos dejase al entornar los párpados en respetuosa meditación.

Los ojos de la fantasía renovaban el instante en que el tren solemnemente se puso en marcha. De nuevo se oyen las campanas y el timbre de la locomotora. La imaginación al refrescar el viaje imponente soñaba con la odisea de un gigante, de un Prometeo caído para siempre, vencido por la fatalidad al que su pueblo le llevaba en hombros a través de la lejanía.

Carros y más carros desfilaban ornamentados de tal modo que a veces deslumbraban los sentidos divagaban como en un día de gala, pero al volver a la realidad meditaban reverentes en el viaje del último héroe de América, del sitio que sacrificaron que a su desplome hacía retumbar a la cordillera ecuatoriana y a la Patria toda.

La llegada de Alfaro a Guayaquil aquel histórico 12 de octubre de 1821 fue algo más que sobresaliente, solemne y pomposo, con honores militare. Fue trasladado al Colegio Nacional Vicente Rocafuerte en gran desfile cívico y militar con presencia del cuerpo diplomático, autoridades y pueblo, que le dieron la bienvenida y su descanso eterno a Eloy Alfaro en el Mausoleo del cementerio general de Guayaquil.

Con éste testimonio Sr. Ministro, queda desbarataba aquella versión que no existían restos de Alfaro. Está comprobado históricamente que los restos de Alfaro se conservaron reservadamente en el cementerio general de Quito y fueron trasladados el 12 de octubre del 1921, y ahora por decisión soberana del pueblo ecuatoriano, las cenizas de Alfaro vendrán a Montecristi.

De lo contrario, teníamos preparado el decreto constitucional 003: La Asamblea Constituyente de la República del Ecuador ordena el traslado de los restos de Alfaro a su Mausoleo construido por Aguilera y Uquillas, en Montecristi, en homenaje a la Vigésima Asamblea Nacional Constituyente.

Entrego este testimonio, quizá si se quiere un poco inédito, del histórico traslado de los restos del Patriota del Cóndor de América, del héroe del Ecuador y América, el General Eloy Alfaro, ocurrido el 12 de octubre de 1921 y haciendo votos para que con su esclarecido talento se organicen, si es posible, mejores actos solemnes, que los que se cumplieron ahora en el 2007, en homenaje a Eloy Alfaro Delgado.

INTERVENCIÓN DEL MINISTRO DE TRANSPORTE Y OBRAS PÚBLICAS, HÉCTOR VILLAGRAN CEPEDA

Quiero destacar que Ivo Uquillas es el más grande artista del Ecuador contemporáneo y que Francisco Aguilera es el mejor arquitecto que tenemos en esta patria. Que importa que tres o cuatro personas en Quito no le conozcan, que importa que este señor Andrade ayer en la página dos de Diario El Comercio haya salido a decir 3 ó 4 cosas. Ni para recordarlas, ni para mencionarlas, pero si recordar que a Eloy Alfaro lo mató la traición, eso no lo podemos olvidar. Voy a hablarles a los mayores, normalmente me dirijo a los mas jóvenes, por haber creado este programa de nuevos empresarios, quizás recordando que Alfaro fue un empresario y siendo empresario Alfaro financió la revolución con los recursos que generaba.

El verdadero 5 de junio le recuerdo a los mayores, para que a su vez lo recuerden a los más pequeños, a los chicos, para que nunca lo olviden: No es el de Guayaquil, fue el 5 de junio de 1864 en Montecristi, cuando Alfaro capturó al gobernador del tirano García Moreno y después de capturarlo le traslada a Colorado, pero fue al frente de esta Plaza Cívica que tiene Montecristi, que hoy me comprometo conjuntamente con Francisco Aguilera y con Ivo Uquillas en remodelarla, reconstruirla y convertirla en la Plaza de los Mártires de la Revolución porque no podemos olvidar, no podemos olvidar a Albia y le hablo a los mayores que tienen la responsabilidad de enseñárselo a los más jóvenes, no podemos olvidar a Albia, no podemos olvidar a Muentes, cobardemente fusilados por el Gral. Salazar, esbirro de García Moreno, no le podemos olvidar, no podemos olvidar que el primer exilio del general. Eloy Alfaro se da porque Salazar injustamente incumple la palabra. Alfaro para liberarlo le había pedido que cese la tiranía y que no tome represalia en contra de los captores. Alfaro fue perseguido y tuvo que salir a Panamá por primera vez, no es el viejo luchador, no es el viejo luchador, es el joven luchador, Alfaro apenas tenía 22 años en su primera incursión el 5 de junio de 1864, le hablo a los mayores porque ustedes tienen la obligación de transmitir este conocimiento a los más jóvenes que ya obviamente no saben de estas cosas, no lo conocen. ¿Qué ha pasado con nuestros maestros?

No podemos olvidar a Albia, no podemos olvidar a Muentes como tampoco podemos olvidar a Serrano que desde la provincia del Oro Al sur del Ecuador, salió y se unió al general. ¡Cómo vamos a olvidar a Vargas Torres o a Concha cuando salieron de Esmeraldas y se unieron al general! ¡Cómo podemos olvidar a Nicolás Infante que saliendo de Los Ríos se unió al general Alfaro!

No, esta no fue una Revolución local, no fue solamente una revolución de Montecristi ni de Manabí, esta fue una revolución nacional. ¡Cómo podemos olvidar a José Peralta! ¿Quién ha leído de los jóvenes el libro “Raza de víboras” escrito en 1892? ¿Quién puede entonces comprender que un filósofo abandona la tranquila vida de pensar y escribir lo que uno siente, para unirse a una revolución y convertirse en un general? No podemos olvidar, les estoy hablando a los mayores. Tenemos la obligación de transmitirle a los más jóvenes, no podemos olvidar. Si Alfaro murió por la traición, entonces no fue el enemigo quien lo mató, porque el enemigo no traiciona, el enemigo lo insulta, lo degrada, el que traiciona es el amigo.

Quien no conoce la historia entonces cae irremediablemente en las garras de él. Alfaro honró la historia, tampoco podemos olvidar esto, miren ustedes el monumento que está en la Plaza Grande comisionado en 1906. Nuevamente los mayores no permitamos que los más jóvenes olviden esto o lo desconozcan.

El monumento a los héroes de El Primer Grito de Independencia fue comisionado por el general José Eloy Alfaro Delgado a los hermanos de Urini y colocado para celebrar los 100 años del Primer Grito de Independencia ¿por qué lo hemos olvidado? O sea Alfaro honró la historia y hoy la historia honra al General José Eloy Alfaro Delgado. Cien años después se observa un mausoleo, una sede y una Asamblea Nacional Constituyente. No olvidemos nuevamente le hablo a los mayores, pues Alfaro vivió dos asambleas constituyentes, no una, dos. Antes que la Asamblea Constituyente le autorizara la construcción, del que bautizó como ferrocarril trasandino nacional para unir Guayaquil y Quito, hubo una comisión del Congreso, que igual que ahora, siempre actuó mal. Entonces aquella comisión del Congreso viajó a la ciudad de Nueva York y se reúne con los inversionistas que Alfaro ya había conseguido: Inversión extranjera directa para que venga al Ecuador y sirva para construir el ferrocarril. ¡Imagínense ustedes! Inversionistas decentes, empresarios honrados como lo fue Alfaro, como Eiwer Hangiwet que fue alcalde de Nueva York, como H. Harman, como Jop Norton, quienes recibieron a esta comisión de diputados desde el Ecuador, que lo único que buscó fue desprestigiar el proyecto. Muchos inversionistas se retiraron, solo quedaron Norton y Harman. Entonces Alfaro tuvo que ir a Londres allí encontró apoyo.

No podemos olvidar a Jeins Saifrait y Saifrait quien le ayudó a conseguir el financiamiento pero le dijo General: Aquí en Inglaterra hay una deuda pendiente. Alfaro lo sabía, no podemos olvidar tampoco esto. Se había escrito un libro que denominado “La deuda gordiana” denunciando como ilegítima la deuda de la independencia, no podemos olvidarlo y Alfaro mandó a comprar la deuda al 30% y fue perseguido por el Congreso de esa época, luego la Asamblea Nacional Constituyente le facilitó la construcción del ferrocarril.

El 25 de junio de 1908 llegó oficialmente el ferrocarril a la que ahora se denominará estación Eloy Alfaro ubicada en Chimbacalle, Quito. Tres sellos postales circularon en el Ecuador: El primero con la imagen del General Eloy Alfaro, el segundo con la imagen del señor H. Harman, el tercero con la imagen del señor Jeins Saifrait, pero hoy ya la historia le olvida, no podemos olvidarnos. No nos hemos olvidado que a Eloy Alfaro lo mató la traición.

Este cobarde Leónidas Plaza Gutiérrez maquinó esta patraña, no podemos olvidar que conjuntamente con el general Julio Andrade, le capturaron en Guayaquil, le embarcaron en el ferrocarril que construyó. Yo soy guayaquileño y yo digo que Guayaquil ha sido corresponsable de este crimen, siempre mencionamos a Quito, pero no podemos olvidar la historia porque fue en Guayaquil donde se lo detuvo al General.

Que el General le dijo a Doña Colombia que quería que entierre sus restos a Guayaquil, sinceramente con todo respeto, lo dudo, yo no he olvidado que en la Navidad de 1978 Alfaro pasó detenido en Guayaquil por orden de este dictador Ignacio de Veintimilla, yo no he olvidado lo que escribió Juan Montalvo “Los grillos perpetuos” conminando a Veintimilla a liberar a Eloy Alfaro sujeto de grillos de cadenas que ataban sus manos y sus pies. Tampoco he olvidado que el ambateño Juan, Montalvo gran amigo del General ideólogo de la revolución seguía exigiendo la libertad Eloy Alfaro no lo podemos olvidar. Entonces como yo puedo en mis años juicio pensar que Alfaro haya pedido que lo entierren en Guayaquil ¿Acaso Alfaro no entrañaba amablemente a Manabí? ¿Acaso la liberación del Ecuador hace 100 años, la liberación social, no nació en esta tierra? Conjuntamente con Esmeraldas ¿Acaso no recordamos que el primer Gobierno de Alfaro fue el Gobierno provisional de Esmeraldas y Manabí? ¿Acaso lo hemos olvidado? Quizá la prueba más contundente de que Alfaro jamás hubiese querido que lo entierren en otro lugar que no sea su tierra natal Montecristi, es que su gran amigo el “tigre el Bolu Bolu”, el General Montero le pidió que regrese de Panamá, cuando tenía 69 años, -había comenzado a luchar desde los 22-. Estaba cansado, pero no estaba cansado de luchar para lograr mejores días para los ecuatorianos.

¿Creen ustedes en su sano juicio que Alfaro después de haber sido detenido en Guayaquil, éste traidor de Leónidas Plaza Gutiérrez, este traidor Julio Andrade haya querido que lo entierren en esa ciudad? Sinceramente yo no lo creo, eso fue lo que le dije a Eloy Alfaro de Alba. Hace días, visite la provincia de Loja y no pude evitar el deseo de visitar y honrar la tumba de ese gran lojano Pío Jaramillo Alvarado. Cuando llegué a su tumba quizá recordé todo esto que les digo, porque fue Pío Jaramillo Alvarado el valeroso lojano que denunció a todos estos cobardes que cometieron el crimen en contra de Alfaro. No podemos olvidar tampoco que miembro del jurado, en este juicio que ensombrece a la justicia ecuatoriana, fue el Dr. José María Velasco Ibarra. ¡Vayan a ver ustedes con quién gobernó el Dr. José María Velasco Ibarra! Es fácil, chequeen los apellidos, allí están, son los mismos, es que la partidocracia dominaba al Ecuador desde hace 100 años, no podemos olvidarlo. Tampoco podemos olvidar que los seudo liberales, estos liberales autranza fueron quienes traicionaron a Alfaro. Alfaro más que liberal era radical, tampoco podemos olvidar.

Hace días, Eloy Alfaro de Alba hijo de Eloy Alfaro Puig y nieto de Colón Eloy Alfaro, hijo amado del General dijo lo siguiente que lo voy a repetir a los mayores para que se lo transmitan a los más jóvenes, porque, por lo menos yo, nunca lo voy a olvidar: “Los restos del General Eloy Alfaro Delgado ya no solo le pertenecen a la familia, los restos de l General José Eloy Alfaro Delgado hoy le pertenecen a todo el pueblo ecuatoriano, así me lo ha mencionado mi padre Eloy Alfaro Puig quién tiene 89 años y está lúcido por lo tanto Señor Ministro, -me decía su excelencia, Señor Ministro Villagrán-, la familia autoriza el traslado de los restos del General desde la ciudad de Guayaquil hacia Montecristi con una sola condición, la condición es de que parte de los restos se queden en Guayaquil como había pedido Doña Colombia. Créanme que no yo no soy llorón, no, pero no puedo contener en ese momento la alegría y la emoción que tenía y le dije muy bien Eloy voy a hablar con el Presidente le voy a comunicar sobre vuestra decisión y vuestra condición y luego de eso lo llamaré para darle nuestra contestación.

Durante el Gabinete en Zamora le hice conocer al presidente Correa esta novedad y el Presidente Correa, como le habíamos dicho siempre íbamos a ser respetuosos de la decisión de la familia, siempre lo dijimos, nunca cambiamos de opinión y entonces el Presidente Correa dijo: “Si esa es la decisión de la familia será respetada Ministro Héctor, invite a los familiares del General Alfaro que residen en Panamá, invite a los familiares del general Alfaro que residen en Guayaquil y en todas partes del Ecuador y del mundo, porque el 15 de noviembre se trasladarán los restos del General.

Coincidiendo con esa época será la iniciación de la Asamblea Nacional Constituyente, pero más importante, en esos días, se recordará un día para los trabajadores: La masacre del 15 de noviembre de 1922. Yo solo puedo agradecerle a Rafael Correa por haberme dado la oportunidad de trabajar en ciudad Alfaro. Jamás soñé ser Ministro, menos aún, de Transporte y de Obras Públicas. La primera responsabilidad que tuve fue rehabilitar el ferrocarril trasandino ecuatoriano. Nadie quería ese cargo, consideraban que era poca cosa, pero claro, apenas me lo ofrecieron en una madrugada en la Capital de la República. Les digo, que así como muchos no creían que Ciudad Alfaro iba a estar a tiempo y fue entregada ayer, yo les quiero expresar: “Es nuestro compromiso que el 25 de junio, cuando se cumplan los 100 la locomotora volverá a la estación Eloy Alfaro antes conocida como Chimbacalle en la Capital de la República.

Ese es mi trabajo, ¿qué puedo hacer más que agradecerle a Rafael Correa que me ha dicho que los recursos que se requieran para la red vial estatal están disponibles? Nuestra red abandonada, convertida en un monumento de la partidocracia.

Cuando suceden las revoluciones hemos visto en imágenes como caen estatuas, monumentos, esos falsos líderes. Hoy tenemos que hacer caer esas estatuas y esos monumentos a estos falsos líderes de la partidocracia que son nuestras carreteras, y cuando en algunos lugares del país se quejan de que ¿por qué tanto a Manabí? A veces no comprenden porque el Ministro pasa tanto tiempo aquí. Quieren verme en Quito, no lo van a lograr. Me verán en Loja, Carchi, El Oro, Esmeraldas. Quiero decirles que dentro del tiempo de este Gobierno, -que no tiene ni la mitad del tiempo para que fuera electo -, vamos a cumplir 10 meses ese histórico 15 de noviembre y este ministro que tiene muchos menos tiempo al frente de esta cartera, pero sin embargo, he dicho que si hay una emergencia no pueden haber fines de semana.

Tenemos un compromiso histórico y el pedido que yo le quiero hacer a esta gloriosa institución que lleva el General José Eloy Alfaro Delgado como patrono, es nuestro deseo que nos acompañen, es nuestro deseo que participen activamente en el traslado de los restos. Quiero plantearle algo al Presidente Correa, pienso que los restos en Guayaquil tienen que ser llevados en sepelio de Estado a un sitio público donde el pueblo de Guayaquil pueda honrar la memoria del General y luego ser trasladados por vía aérea a la Capital de la República nuevamente para que se reediten los hechos que el Presidente Correa ha señalado, para que los jóvenes, niños, estudiantes, profesionales, artesanos, obreros honren al General.

Luego, se trasladarán los restos del General hasta la ciudad de Montecristi, llegando al aeropuerto que lleva su mismo nombre. Será un acto que levantará un fervor cívico enorme, pienso que la Casa de la Cultura de Manabí debe liderar este proceso para aquellas representaciones de todas las casas de cultura en el ámbito nacional, de tal modo que participemos todos activamente. Estoy seguro que no solamente se convertirá en un funeral de Estado, -sencillo y sobrio-, sino que el mismo pueblo saldrá y las bandas populares de los distintos puntos de la patria acompañarán al general y llegando entonces a Montecristi para que al fin, el General descanse en paz. Esa es nuestra petición.

Muchas gracias a todos los que nos han acompañando.

Capacidad, inteligencia y patriotismo en estos tres grandes artífices de esta magna obra que perenniza el nombre del padre de la libertad ecuatoriana Eloy Alfaro Delgado. Luego de las emocionantes intervenciones de Ivo de Francisco y de Héctor realmente que todos hemos quedado convencidos del éxito de la gestión del Ministro Villagrán. Esta convocatoria había sido hecha por la Casa de la Cultura de Manabí para planificar estrategias señor Ministro que iban a desembocar hasta la de conformar un grupo de montoneros para traer los restos si se oponían los familiares o la Junta de Beneficencia.

No denunciamos entonces esas estrategias previamente planificadas, aplaudimos y admiramos el convenio al que usted a llegado con los familiares en Panamá y obviamente que aceptamos el reto. La Casa de la Cultura que lleva el nombre insigne Gral. José Eloy Alfaro Delgado va a participar activamente este histórico 15 de noviembre en la ciudad de Montecristi y estamos seguros que con todo el fervor que le ha puesto el Presidente de la República, usted y los ecuatorianos, este segundo traslado de los restos de Alfaro va a ser realmente apoteósico y solemne. Se abrirá un debate sobre el tema, pero creo que estamos convencidos, no nos queda más señor Ministro que tributarle a usted a Ivo y a Francisco todos de pie un voto de aplauso y a través de usted al Presidente economista Rafael Correa Delgado por estar haciendo y cumpliendo con la revolución que dejó trunca el general Eloy Alfaro y que la ha continuado ahora nuestro querido Presidente. Gracias

Yuri tiene la palabra sobre la parte artística …

Amigos presentes, el economista Rafael Correa y nuestro distinguido Ministro de Transporte y Obras Públicas, abogado Héctor Villagrán Cepeda, están creando conciencia cívica nacional. Queremos en este acto también tener la participación artística de un grupo, de un cantante que transmita también música como un vehículo de información social y de protesta. Se trata del grupo del artista Eduardo Flores, conjuntamente con Cristian Castro que dejamos a vuestro análisis.

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